“¿A dónde envío la caja de chocolates?”

La semana pasada el periódico inglés The Guardian publicó algunos de los muchos detalles que contenía el esperado libro “Fire and Fury: iside Trump´s White House”, de Michael Wolff, próximo a publicarse. A partir de ese momento la especulación y el interés se desataron sin control.
El 4 de enero la Casa Blanca y los abogados de su inquilino amenazaron, como escribió el New York Times, con fuego y furia legal en contra de la editorial y el autor. Trump hizo todo por evitar la publicación del libro. Cometió un error de primaria: demostró públicamente lo mucho que le molestaba lo que escribió Wolff, lo cual dejaba en segundo plano la veracidad del contenido del libro. La embestida pública de Trump fue más efectiva que cualquier campaña publicitaria imaginable: ante los ojos del mundo, la molestia de su protagonista legitimó al libro. La publicación se adelantó 4 días y las ventas han sido descomunales. Al ser cuestionado en el Today Show sobre la molestia del Presidente,  Wolff se limitó a responder “¿A dónde mando la caja de chocolates?”.
Este asunto generó, entre tantas más, cuatro consecuencias que creo que vale la pena comentar. Uno, la reputación del Presidente dentro del “espectro liberal”  (algo demasiado vago pero, en pocas palabras, la gente más o menos progresista que aborrece a Trump) está aún más deteriorada de lo que se pensaba. Este caso nos ha demostrado cómo incluso estamos dispuestos a tomar por verdaderas, afirmaciones hechas por personas tan escabrosas, conservadoras, racistas y nocivas como Steve Bannon y de antecedentes dudosos como el propio Michael Wolff, cuando se trata de Donald Trump. La polarización es absoluta. Dos, distintas fuentes citadas en Fire and Fury señalan que Trump es como un niño que busca gratificación inmediata, consume regularmente comida chatarra (Mc Donalds), es considerado completamente incapaz para el puesto por todos sus colaboradores y es una persona que, sencillamente, no lee nada. Más allá de que lo anterior sea todo o en parte cierto (yo pienso que sí lo es), dudo que pueda tener efecto alguno en su popularidad dentro de su base. Cierto sector de la clase trabajadora, blanca, conservadora, del centro o sur de EEUU y que forme parte de la base de simpatizantes duros de Trump, no sólo es difícil que tome como adecuadas estas críticas, sino al contrario, pienso que puede sentir empatía con un Presidente al que una prensa que percibe como parte del otro Estados Unidos (el liberal, pro inmigrantes , de California o Nueva York, del New York Times y CNN) acusa de cosas de las que quizás ellos mismos han sido acusados: no leer, ser relativamente ignorantes, comer comida chatarra y no estar calificados para determinado trabajo. Sé que lo anterior puede resultar un poco simplón, el espacio limita y el tema requiera más análisis, pero pienso que sí ocurre en la realidad. Tres, en un ataque de furia tuitera Trump atacó a Michael Wolff y a Steve Banonn, a este último lo llamó “Sloopy Steve” y dijo que cuando lo despidió este lloró y rogó por su trabajo: recurriendo nuevamente a una crítica masculinizada que nos recuerda que estamos ante una persona que piensa que los hombre no lloran ni ruegan y que hacerlo es negativo y criticable. En fin. Cuatro, se repite nuevamente un patrón preocupante, ante una semana difícil y una lluvia de críticas Donald Trump recurre otra vez a su punching bag favorito, el muro y la absurda idea de que México lo pagará.
Para quienes se interesen, Fire and Fury se puede comprar físicamente y para Kindle en Amazon, e incluso se puede descargar en alguno de los varios tugurios digitales de los que está lleno el internet.
Por Eduardo Ancona Bolio*
eduardoanconab@hotmail.com
* Estudiante de Derecho y aspirante a diplomático con Ítaca en la mente.
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