Ayuda a tus hijos a superar los terrores nocturnos

Como su nombre indica los terrores nocturnos son un acontecimiento que sucede durante la noche, asociado a una de las fases del sueño, es decir, se trataría de un tipo de trastorno del sueño, que en este caso afecta principalmente a los niños, y consiste en una vivencia terrorífica que lleva a quien la padece incluso a gritar y despertarse angustiosamente, y que tiene como característica destacable que desaparece espontáneamente con el tiempo.
Generalmente surge a una edad temprana, entre los tres y los siete años, tiene mayor incidencia entre los niños, y presenta la peculiaridad de que, al igual que surge sin que exista ni medie causa aparente, desaparece sin precisar para ello ninguna intervención farmacológica o terapéutica; es por ello que algunos profesionales lo han asociado a un aspecto madurativo del cerebro.
La gravedad de los terrores nocturnos no se encuentra tanto en el hecho en sí mismo, sino en las consecuencias que puede tener sobre la salud del menor la interrupción repentina y repetida del sueño durante la noche. El número de veces que se produce a lo largo de la semana, las lesiones que pueda sufrir el niño al golpearse contra muebles u objetos o al caerse de la cama, o los síntomas asociados, van a indicar la gravedad del trastorno y, con ello, la necesidad de tomar medidas para evitar esos efectos secundarios.
SÍNTOMAS. Varios son los síntomas característicos de estos terrores durante el sueño, pero el principal es precisamente la vivencia de imágenes y sensaciones terroríficas durante la noche, que van acompañadas de una gran excitabilidad e hiperactividad por parte del menor, en ocasiones con verbalizaciones o gritos, e interrupción brusca del sueño.
Esta sintomatología, a pesar de ser más habitual entre los niños, se puede producir también en adultos, sin que sea necesario que éstos la hayan experimentado durante su infancia o adolescencia, y en su caso aparece sobre todo cuando se encuentran sometidos a fuertes tensiones emocionales asociadas al estrés, o bien como la consecuencia indeseada de una importante ingestión de alcohol.
Los síntomas más frecuentes asociados a los terrores nocturnos son los siguientes:
Vivencia del terror nocturno con imágenes y sensaciones desagradables.
La duración de los episodios suele oscilar entre 2 y 40 minutos como máximo.
Se produce una activación del niño, con respiración acelerada, sudores y taquicardia.
En ocasiones, habla o grita durante el episodio de terror nocturno. Puede gemir, sollozar, e incluso llorar aunque siga dormido.
Se mueve en exceso, lo que le puede ocasionar lesiones por golpes o caídas.
Los episodios suelen empezar a primera hora de la noche, tras acostarse.
Al día siguiente el pequeño no tiene conciencia de lo sucedido.
Cuesta mucho despertar al niño en mitad de un episodio y, cuando se consigue, puede llegar a agredir a quien le despierta, no recordando lo que estaba viviendo, y mostrando desorientación y confusión.
TRATAMIENTO. Entre las causas probables de este trastorno del sueño, está la base genética, al considerarse hereditario, así como haber padecido fiebres, tener acumulada falta de sueño, o haber vivido recientemente situaciones de estrés, que pueden desencadenar estos terrores. Incluso se ha llegado a indicar que se puede deber a una inmadurez del cerebro que con el tiempo se corrige, de ahí que los terrores desaparezcan sin previo aviso.
Actualmente no se dispone de tratamiento ni farmacológico ni terapéutico específico para los terrores nocturnos, debido a que de momento se desconoce cuál es el origen y la función del problema, por lo que únicamente se ofrecen consejos acerca de cómo mejorar la calidad del sueño y, con ello, esperar a que no aparezca el pavor nocturno, como también se le conoce.
Texto: Agencias
Fotos: Cortesía
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