Epifanía: Dios se manifiesta para que lo amemos

 

Desde niño escuché hablar de Dios. Mis padres me hablaban de Él de una manera coloquial. De hecho, mi niñez, como la mayoría de los niños, estuvo marcada por la idea de Dios. La fiesta de la Navidad era de las que más me gustaban: esperar la llegada del niño Dios era sinónimo de regalos al amanecer el 25 de diciembre. Confieso que me quedaba claro que celebrábamos la Navidad, sin embargo, a Santa Claus le escribíamos la carta para los regalos.
La idea de Dios para muchos hoy día se torna confusa hasta llegar a cuestionar su existencia. Se tiene una idea vaga sobre Él, pronunciamos su nombre como costumbre, y escuchamos frases como, “Primero Dios”, “Dios mediante”, “Dios te bendiga”, etc., sin embargo, te has preguntado, si para nosotros es tan habitual la idea de Dios, por qué es tan difícil comprobar su existencia y vivir como el Creador manda.
Una de las pruebas de la existencia de Dios es la creación. Así como cuando vemos la pintura de un famoso pintor. Por ejemplo, hoy día nadie ha visto en persona a Leonardo Da Vinci, pero si vemos la Mona Lisa (Gioconda), exclamamos: “Da Vinci fue quien la pintó”. Algo similar sucede con el Universo: alguien tuvo que crearlo, una mente inteligente, un Ente pensante, y a este Ser, le llamamos Dios.
Dios, en su bondad, no solamente nos crea sino también se nos manifiesta en su Hijo Jesucristo, que es Dios verdadero. Cuando decimos que nos habla o se manifiesta, llamamos a este fenómeno Epifanía, que viene del griego epifaneia, que significa manifestación. Precisamente ayer, 6 de enero, se celebró la fiesta de los Reyes Magos, en la cual Jesús se da a conocer a diferentes personas. La Iglesia celebra como epifanía tres eventos: la Epifanía ante los Reyes Magos, la segunda a San Juan Bautista en el río Jordán y la tercera a sus discípulos y comienzo de la vida pública con el milagro de las bodas de Caná.
Otra forma de manifestación que tiene Dios es a través de las Sagradas Escrituras, fuente de la Fe. Así como existen argumentos de la razón para comprobar la existencia de Dios, así existen argumentos de la Fe.
Las Sagradas Escrituras son veneradas como la palabra de Dios. En ellas, podemos conocer a nuestro Creador, así como cuando leemos algún libro que contenga las cartas de cualquier autor. Podemos llegar a darnos una idea cabal de cómo era persona y llegar a conocerlo por sus letras; lo mismo sucede con Dios y las Sagradas Escrituras.
Podemos afirmar que Dios no tiene acepción de personas, como lo podemos leer en el libro de los Hechos de los Apóstoles (10, 34): “En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: <<Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.>> El primero que no discrimina es el mismo Dios, pero nos pide que practiquemos la justicia”.
Así podemos conocer la misión de Jesucristo que expone el profeta Isaías al exclamar: “Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas”. (Isaías 42, 7). El que quiera seguir la palabra de Dios es libre de hacerlo y también es libre el que quiera negarlo. Dios lo único que quiere es que lo conozcamos y amemos. No se vale decir que Dios no existe porque yo no creo en Él, porque les sucede como aquellos que escupen hacia el cielo: no puedes negar algo que no existe, porque la misma negación implica la afirmación de su existencia, así como el que dice que la luz no existe porque sólo ve oscuridad.

 

Por Roberto Atocha Dorantes Sáenz*
robertodorantes01@gmail.com

* Ejecutivo de ventas, pero ante todo un hombre de fe inquebrantable. Experto en teología y filosofía.

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