El error que se volvió horror

Me tomaré muy en serio que esta Navidad es tiempo de recordar. Para mi generación de casi 5 décadas de recorrido, el terrible error de diciembre -por antonomasia- fue en 1994, siendo presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, con la aberrante decisión de devaluar la moneda y el subsecuente derrumbe de nuestra economía, gracias a la fuga de miles de millones de dólares pertenecientes a empresarios que fueron alertados por el propio gobierno.

Irónicamente, mi primer trabajo formal en la administración pública federal fue en la Secretaría de Educación Pública, siendo su titular Zedillo. Jamás me cruzó por la mente que el hombre que recorría los pasillos del inmueble desde la calle Brasil a la de Argentina, poco después cargaría en su conciencia acontecimientos aberrantes.

A título muy personal, recuerdo más el horror de diciembre en 1997 -inolvidable gobierno de Ernesto Zedillo-, cuando masacraron niños, mujeres embarazadas y ancianos en Acteal, Chiapas ¿quién fue? Las investigaciones revelaron la presencia de grupos paramilitares, aunque algunos testimonios han referido que sí fueron los soldados, solapados por policías.

Como muchas otras violaciones de Derechos Humanos, quizás nunca sabremos a ciencia cierta lo ocurrido ese diciembre y, si llegamos a saberlo, podríamos hacer lo que hicimos cuando Díaz Ordaz asumió la responsabilidad de la matanza de 1968, o cuando Peña Nieto reconoció ser quien tomó la decisión del operativo en San Mateo Atenco, o cuando Felipe Calderón ordenó el mal llamado “michoacanazo”: NADA.

Los millenials mexicanos, quizá tendrán que recordar el descomunal error de diciembre de 2017, si la Cámara de Senadores emula el desdén de los diputados a las sentidas advertencias de activistas, organizaciones civiles, incluso de Naciones Unidas. La Cámara Baja prefirió ser consecuente con los anhelos presidenciales -desde Calderón a la fecha- para que los militares no regresen a sus cuarteles, sino para que su eventual presencia en cualquier parte del territorio nacional esté “bien” fundamentada y hagan de policías que restauren la paz que tanto anhelamos, no sólo en diciembre, sino todo el año. Desoyeron también la voz de la experiencia histórica de países con soldados en las calles no auxiliando noblemente como lo hacen nuestras fuerzas armadas en los desastres naturales, sino patrullando en los desastres de seguridad interior.

Perdón por insistir, pero el quehacer legislativo, nuestro contrapeso formal, no siempre es real porque muchos legisladores -no todos, jamás debe generalizarse- muestran visión obtusa y de sometimiento a los designios del ejecutivo. Ojalá este diciembre de 2017 los senadores efectivamente representen a los estados de la República, somos una federación no un estado militar.

Voy a recordar en Navidad y cuando llegue el momento de sufragar. Por el momento les invito de corazón a ampliar la visión y mirar a quienes necesitan nuestro apoyo, como las niñas de la Casa Hogar “Luisa María Clar” en Chuburná, cuya ilusión se cifra en que su concierto navideño del próximo sábado por la tarde sea exitoso, ojalá les demos mucho amor.

Por Carmen Garay 

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