Grid girls

 

La Fórmula 1 declaró el miércoles pasado que de ahora en adelante en sus eventos no habrán “grid girls”, esas mujeres guapas que despiden a los conductores sosteniendo banderas y les entregan el premio vestidas con poca ropa. Mucha gente partidaria del movimiento feminista festejó la decisión como un paso hacia mayor justicia de género y más respeto a la mujer. Pero otro sector, grande, de la sociedad tuvo la reacción opuesta. Sarah Vine escribió en The Daily Mail: “La ironía es que esos mismos grupos de presión que piden el fin de la cultura de las chicas glamorosas ¡son los mismos que están eternamente hablando sobre cómo es un cuerpo de mujer y ella debería ser capaz de hacer lo que quiera con él! En el deformado paisaje ideológico posterior a Weinstein, ese paisaje de las campañas #MeToo y #TimesUp, la autodeterminación se aplica sólo si está dentro de los parámetros aprobados”. Como escribió una amiga hace poco: “¿En qué momento el cuerpo expuesto deja de ser una declaración antisistema y se convierte en la objetivación resultante del sistema machista?”. Que las grid girls desaparezcan, ¿es bueno para el movimiento feminista? ¿o sólo un golpe a unas mujeres que antes tenían trabajo, y ahora no?”

Sin duda, creo que el movimiento feminista tiene que aclarar qué es lo que quiere. Porque últimamente parece que feminismo piensa en las mujeres con condescendencia: como flores delicadas que deben ser protegidas, puestas casi en cuarentena; que necesitan un chaperón cuando van a ver a sus jefes o van a citas, porque los hombres tienen miedo de ser acusados de acoso sexual… Y que por lo tanto no pueden ser tomadas en serio, convivir y competir en el mundo como iguales.

Desde este discurso, ¡pobres grid girls! Si lo que busca el feminismo es proteger a la mujer, hacerla intocable, cuidar su vulnerabilidad, hacer más cómoda su zona de comfort, entonces en cierto que eliminar a las grid girls no es buena idea. Eso dice Sarah Vine y mucha gente más: “Las grid girls tienen mucho que perder, comenzando con un ingreso estable, independencia financiera y la posibilidad de obtener una carrera en el mundo del espectáculo o, en su defecto, un novio rico. En otras palabras, opciones. Un futuro. Algo que muchas de estas jóvenes simplemente no tendrían de otra manera”. ¡Pobres de estas mujeres, que por culpa de feministas de clase media se han quedado sin un trabajo que les encanta!

Sin duda, el movimiento feminista no tiene sus cartas claras. Pero yo sí sé lo que yo quiero del movimiento feminista: no amabilidad, ni delicadeza. Lo que yo quiero es que se nos tome en serio. Yo quiero credibilidad, la posibilidad de competir con hombres y mujeres por el trabajo o la educación que quiera, no en función a mi sexo, sino en función a mis habilidades y mis méritos. Y creo que las grid girls lastiman mi credibilidad. Las grid girls, cuya única función es pararse en la pista con un banderín, sexis y mudas, promueven una imagen de la mujer que muchos (no solo muchas) queremos combatir: que solo somos útiles como adornos, que es más importante que estemos guapas y seamos buenas acompañantes a que seamos inteligentes o hábiles o competitivas.

Festejo que las grid girls dejen de existir, pero no porque debamos protegerlas a ellas de un trabajo indigno o malo. Escogieron libremente ese trabajo, y no dudo que les gustara. Lo festejo porque el que la Fórmula 1 considere irrelevante e inapropiado el papel de una mujer con poca ropa adornando la pista significa que el mundo deja de pensar en las mujeres como adornos. Lo festejo porque no fue una imposición del Estado, nadie prohibió las grid girls, sino que la empresa juzgó que eliminándolas iban a ofrecer una mejor experiencia para sus clientes. Eso implica que mucha más gente está abandonando la idea de que la función del hombre es ser un conductor temerario, y la de la mujer es ser observada y apoyar al hombre. E implica que habrá un contexto menos en el que esta idea será difundida.

Es triste para las mujeres que trabajaban de grid girls, y que ahora estarán sin trabajo. Pero la gente pierde trabajos todo el tiempo, porque un mercado competitivo es complejo y cambiante. Sean Bratches, director general de operaciones comerciales de F1, declaró que la costumbre de las grid girls “no resuena con nuestros valores de marca y claramente está en desacuerdo con las normas sociales de hoy en día. No creemos que la práctica sea apropiada o relevante para la Fórmula Uno y sus fanáticos, antiguos y nuevos, en todo el mundo”. La decisión de deshacerse de las grid girls fue un ajuste del mercado a nuevos valores, a una nueva sensibilidad moral: el servicio que ofrecían las grid girls ya no es tan valorado. Y creo que eso habla bastante bien del (definitivamente cojo) movimiento feminista.

 

Por María de la Lama Laviada*
mdelalama@serloyola.edu.mx

* Yucateca. Estudiante de Filosofía por la Universidad Iberoamericana.

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