SEGUNDA PLANA – PUNTO MEDIO

“A PESAR DE los millonarios recursos invertidos (por los gobiernos federales), millones de personas –más de la mitad de la población mexicana– no salen de su espantosa realidad”, afirma en su editorial de esta semana la revista “Desde la fe”, que se publica bajo los auspicios de la Arquidiócesis Primada de México. El semanario aporta un par de números que vale la pena subrayar, pues dice que en la actualidad el 52.3% de los mexicanos son “pobres de patrimonio”, y ese porcentaje significa poco más de 61 millones de personas. ¿Pero sabe usted qué es lo que pasa de tantas veces que escuchamos cuántos millones de nuestros paisanos sobreviven en precaria situación? Que nos vamos insensibilizando, que restamos importancia a ese drama cotidiano, y dejamos de buscar las causas (o culpables), para combatirlas. Esa pobreza tiene entre sus consecuencias que coloca en situación muy vulnerable a quienes la padecen, y esa vulnerabilidad es sobre todo económica y política. ¿Qué es capaz de hacer un pobre para salvar el día para él y su familia? Ensaye usted, por favor, la respuesta.

LA POSIBILIDAD de que los grandes capos del crimen organizado en México se beneficien de una amnistía y no reciban el castigo que merecen, como lo acaba de plantear el eterno candidato presidencial Andrés López Obrador, causó gran revuelo entre políticos y ciudadanos comunes, principalmente porque equivaldría a dar el visto bueno a una política de impunidad, a un borrón y cuenta nueva que dejaría a un lado a miles de personas que en todo el país han sufrido la pérdida de familiares a manos de los criminales. De entre las voces radicales surgen a menudo algunas que argumentan que el fracaso de los programas que se han aplicado para frenar la violencia autorizaría a pactar ahora con los grandes capos, pero si esos programas fallan es básicamente porque los cuerpos policiacos de los tres niveles carecen de una sólida formación ética y moral, y con su corrupción echan por tierra cualquier esfuerzo contra la delincuencia organizada. Nos parece que se puede afirmar que el combate contra el crimen no ha fallado, sino que simplemente no se ha ejecutado de manera correcta y honesta.

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