Tan lejos, tan cerca

Ayer tembló en Centroamérica, un movimiento de más de 6 grados en la escala de Richter y, dicen los informativos, se sintió en la Península. Como a mí me prometieron que acá tan lejos, no tiembla, no me preocupo tanto. De cualquier manera, dicen que te encuentras donde tu mente y tu corazón anhelan estar, donde lo que ocurre te alimenta de esperanza, te brinda tranquilidad y pareciera que las cosas podrían cambiar para ser mejores. Con esos pensamientos optimistas, muy optimistas, llegué a Mérida en enero de 2005 -12 años pasaron volando-, y desde entonces, mis inviernos cambiaron para bien, mi caminar por las calles se volvió más seguro y dejé de soñar con mi esposo ensangrentado por el cachazo que le dieron antes de robarle el coche saliendo de su trabajo a unas cuadras del Barrio de Tepito.
Empecé a despertar escuchando aves canoras –¡sí existen!– y disfruté desde entonces, mirar el cielo por las tardes. Aquí puedo contemplar la vida, la naturaleza, porque no tengo miedo de que alguien me sorprenda y me asalte. Es verdad que en Mérida vivo mejor, pero paulatinamente observo cosas que me recuerdan, de mala forma, mis días en “chilangolandia”, y hay una que destaca por encima de las otras: la experiencia de observar el tránsito, cada vez más intenso, cada vez más ruidoso, más numeroso y más contaminante. Las maniobras agresivas de los conductores de automóvil, los siniestros viales y las chimeneas sobre ruedas de algunos autobuses urbanos, no se distancian en nada de los microbuses de la Ciudad de México.
Ya alguien nos prometió en esta Ciudad Blanca un transporte inteligente, pero quedó en promesa incumplida, mas este tema no puede dejarse pasar, hay que atenderlo para seguir estando “lejos” de las contingencias ambientales y los días sin circular. El viento es nuestro aliado, pero si nos empeñamos –tal como estamos haciéndolo– podremos desgraciar la calidad de nuestro aire en pocos años, fui testigo de ello antes de salir para radicar acá.
Las percepciones son algo curioso. Estos días, mi percepción de Chihuahua es de tenerla muy cerca cuando el gobernador Javier Corral señaló que desde el gobierno federal se frenaron recursos. Pensé cuan necesario es el sano manejo de las finanzas y la imperiosa necesidad de que se nombre un excelente Auditor Superior de la Federación, que tenga la capacidad de intervenir para aclarar estos dimes y diretes. No es posible que con la mano en la cintura se hable de depósitos faltantes y de presuntas represalias, cuando es un hecho que la gente de allá, tan lejos, vive un clima de inseguridad terrible. Y para acabar de contaminar el asunto, la coyuntura electoral que todo lo enrarece y sesga percepciones.
Para finalizar esta ocasión con política, está cerca de mi corazón el discurso de Oprah Winfrey en la entrega de los Globos de Oro. Cerca como mujer, pues admiré su poder, su elocuencia que puso de pie al auditorio mientras habló de discriminación y violencia de género. Cerca como periodista, porque dijo una frase de oro sobre la prensa “hablar con la verdad es la herramienta más poderosa que tenemos”.

 

Por Carmen Garay

error: