A 46 años de la demolición del antiguo Olimpo, edificio icónico de Mérida

El predio era conocido por este nombre debido a que en las primeras décadas del siglo XX existió en sus bajos un restaurante bar cuyo nombre aludía a aquel mitológico monte.

Uno de los edificios más hermosos de los que presume la capital yucateca en su primer cuadro es el Centro Cultural Olimpo, inaugurado en 1999 y que es el sustituto del original que fue demolido el 29 de octubre de 1974, hace 46 años. El predio era conocido por este nombre debido a que en las primeras décadas del siglo XX existió en sus bajos un restaurante bar cuyo nombre aludía a aquel mitológico monte.

La historia del inmueble en sí se remonta a la época colonial. Francisco Avila fue su propietario hacia el año de 1707. Hacia finales del siglo XVIII, época en la que se construyeron los portales de arquería colonial, se sabe que el edificio perteneció al señor Pedro Faustino Brunet, y a principios del siglo XIX al Sr. Juan Domínguez Cádenas. En 1911, siendo ya su propietario el ex gobernador Manuel Cirerol Canto, se ocupa la planta alta con las instalaciones del Centro Español de Mérida.

El inmueble sufrió diversas modificaciones arquitectónicas a lo largo de su existencia, pasando de un austero estilo colonial a un decorativo estilo neoclásico. La última modificación sustancial del inmueble fue realizada alrededor de 1919 cuando se obligó a los propietarios de los edificios ubicados en esquina, la ejecución de chaflanes, a fin de favorecer la visibilidad de los carruajes y de automóviles que para aquel entonces aumentaba incipientemente su número en la capital.

Los viejos soportales que formaron parte de dicho predio eran muy antiguos en la antigüedad, fueron conocidos como portales del ayuntamiento hasta principios del siglo XX, en que a su salida a la calle 61 se funda un elegante restaurante llamado El Olimpo. Desde entonces los soportales tomaron ese nombre hasta su desaparición en 1974 cuando fue demolido el icónico edificio.

En la obra “Mérida en los años 20”, Francisco D. Montejo Baqueiro nos lleva a darnos un paseo por los comercios que existían en esos tiempos en el Olimpo, con arquerías y departamentos que habían resultado del fraccionamiento de dicha heredad iniciando en su extremo Sur con el Bar Imperial de don Daniel Cortés González, el popular “Chato Cortés”.

Seguía el Café Maxim que fundó Idelfonso Gómez, el cual era atendido por meseras y su medio ambiente amenizado en ocasiones con música de piano.

Su clientela era de lo más mas variado, allí se reunían compositores, trovadores, prestamistas, comisionistas, políticos, entre otros.

A continuación estaba la peluquería de don Pedro Ramo, un lugar de mucha categoría en aquella época. Y por último el restaurante El Olimpo, que en aquel tiempo estaba a cargo de los españoles Ross y Tonet.

A las puertas de sus comercios, comenzaron a instalarse algunos estanquillos de Miscelánea y general, a la salida del Café Maxim, estuvo el de Emilio Rodrigo, luego el de Francisco Mezquita Torres, y casi a las puertas del Olimpo el de Vicente Cañizales, que era muy amplio.

Posteriormente, más o menos en los mismos sitios, estuvieron Samuel Chiu, los Hermanos Joaquín y Eduardo Pinkus Vargas, que denominaron a sus comercios “La Libertad” y “Los Dos Hermanos”, respectivamente; también estaban los hermanos Emilio y Hernán Mezquita Torres, y al final en la salida a la calle 61 existió una refresquería frente a la cual estuvo Luis Cáceres Baqueiro, con un pequeño cobertizo que era la ciencia del periódico capitalino “El Nacional”.

En aquella misma época estuvieron instalados en cada columna de los arcos varios aseadores de calzado con sus respectivas sillas. Tanto los estanquillos como los limpiadores fueron retirados de los soportales en la administración municipal de don Luis Torres Mesías de 1958 a 1961.

Ante la apatía de sus sucesivos propietarios, a partir de los años veintes, El Olimpo entra en una fase de paulatino deterioro. La Secretaría de Servicios Coordinados de Salud Pública, con fecha 7 de noviembre de 1973, había solicitado un dictamen del estado estructural que guardaba el edificio que para ese año ya habían adquirido los hermanos Abimerhi.

El polémico resultado fue desfavorable, lo que provocó que la mencionada Secretaría clausurara los 12 establecimientos que aún albergaba el edificio. El consenso general no compartía la artera disposición de su demolición, pues aunque efectivamente el deterioro era grave, éste era factible de restaurarse.

Finalmente fue demolido la madrugada del 29 de octubre de 1974, dejando un espacio vacío que fue utilizado como estacionamiento y sitio de taxis por más de 23 años para luego ser sustituido por el actual y moderno Centro Cultural Olimpo, inaugurado en el año de 1999.

Texto: Manuel Pool

Foto: Cortesía

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