Abuso

En este México de historias trágicas, nunca habría que perder la oportunidad de generar esperanza. Eso es justo lo que hacen los padres de los niños abusados sexualmente en el kínder Matatena: no quedarse únicamente con el dolor y la exigencia de justicia sino aprovechar esta tragedia para evitar que otros padres pasen por lo mismo que ellos. El miércoles pasado tuve la oportunidad de conversar en Excélsior TV con Mariana Tovar, quien ha fungido como vocera de los padres afectados. Me impresionó su entereza ante lo vivido. No sé cuántas personas en su misma situación serían capaces de transformar la rabia y el dolor de saber que su hijo fue violado en la demanda de que exista un protocolo para evitar estas situaciones. “La gran trascendencia de nuestra tragedia, y del episodio Matatena, es que los papás queremos darle significado a lo que hemos vivido, cuidar a otros niños, para que ninguna familia pase por lo que hemos pasado: que se den cuenta a tiempo”, dijo Tovar, luego de reunirse con Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de
la Ciudad de México. Ese mismo día fue clausurado formalmente el Matatena y se boletinó a los dueños para que no puedan abrir otra escuela. La SEP también despidió a dos funcionarias que no cumplieron con investigar las denuncias que ya se habían presentado. Esas medidas están muy bien aunque forman parte de la muy mexicana costumbre de tapar el pozo luego de que se ahogó el niño. Lo que procede ahora, y los padres de los niños abusados lo tienen claro, es que hay que ir más allá de la crisis mediática y la denuncia de los hechos, que, lamentablemente, nadie podrá cambiar. ¿Por qué lo digo? Porque entre 2000 y 2013 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha recibido cerca de 2 mil quejas por violencia sexual en escuelas (Excélsior, 8-V-2016). Esto es, tres a la semana. Del total, seis fueron en educación inicial, 204 en preescolar, 772 en primaria, 849 en secundaria, 179 en bachillerato, 15 en instituciones de educación especial y 22 más sin especificar el nivel educativo.
Por cierto que más de la cuarta parte de los casos ocurrió en la Ciudad de México. Esto quiere decir que la enorme mayoría de los casos de abuso a menores de edad en las escuelas ocurre sin que se denuncie en los medios. Si los padres del kínder Matatena no se hubiesen manifestado, si hubiesen hecho como otros padres, simplemente cambiar a sus hijos de escuela y pretender que no pasa nada, probablemente ese centro escolar seguiría funcionando. Eso habla de una falta de control por parte de autoridades de distintos niveles. Hemos visto cómo, en medio de esta tragedia, ha salido a relucir la falta de experiencia de las instituciones públicas para lidiar con el problema. No debería ocurrir –por ejemplo– que los niños, que presuntamente han sido víctimas de abuso sexual, sean atendidos en los espacios dedicados a la denuncia de otro tipo de delitos. Estos casos requieren de una atención especializada, dada la frecuencia con que se están presentando en el país. Se requiere un diagnóstico de lo que
está pasando y, como demandan los padres de familia del kínder Matatena, de un protocolo para evitar situaciones como las que ellos están enfrentando. Mariana Tovar me dijo en la entrevista que es muy difícil para un padre de familia descubrir que un niño pequeño está siendo víctima de abuso sexual por parte de quienes teóricamente son los encargados de velar por su seguridad. Los padres de familia –expuso ella, con toda razón– ponen toda su confianza en la escuela y no tienen modo de presentarse de forma inesperada en el plantel para ver que todo está bien. El colmo, me relató, es que el hombre acusado de haber abusado de los niños era el que muchas veces recibía a los alumnos en la puerta de la escuela y, de la mano, ingresaba con ellos en el plantel. Los meses que siguen deben destinarse a reconstruir la confianza de los padres de familia en las autoridades escolares. Y para ello debe haber un protocolo que logre que cuando alguien deje a sus hijos en la escuela pueda retirarse tranquilo, sabiendo que van a aprender y que van a estar bien cuidados.

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