Al límite de la democracia

Por Eduardo Ancona 

El principal error de una transición a la democracia es pensar que es definitiva. Si para fines prácticos ubicamos el nacimiento de la democracia mexicana, podríamos decir que fue en 1997 con la perdida de la mayoría legislativa del PRI o en el 2000 con la victoria de Vicente Fox. Es decir, más o menos vivimos con una democracia de 20 años de edad. En América Latina estas edades no son extrañas. La democracia brasileña, por ejemplo, tiene más o menos unos 30 años.

La construcción de un país verdaderamente democrático no es un logro que se alcanza y se consuma con la realización de elecciones libres, sino que es una construcción que a lo largo del tiempo demanda no solo del esfuerzo de la sociedad y del fortalecimiento de las instituciones, sino también de la formación de una cultura de respeto y garantía del cumplimiento de las reglas. Como dijo Churchill, en la construcción del estado de derecho la parte más difícil son los primeros cien años.

En esta construcción, sin embargo, nada asegura que el edificio efectivamente se construya. José Woldemberg ha dicho con razón, usando como ejemplo el caso de Uruguay, que no existe garantía de que en 10 ó 20 años México sea más democrático que hoy, podría ser también menos democrático, y los ejemplos en la historia sobre. Es precisamente un caso de retroceso democrático el que se narra en el extraordinario documental On the edge of democracy (En el límite de la democracia) que se estrenó hace poco en Netflix.

A través de la fascinante historia de la joven democracia brasileña, el documental retrata la forma en la que los países y sus democracias puede sufrir los más graves retrocesos, incluso después de épocas en las que las viejas practicas antidemocráticas y autoritarias parecían haber quedado en el exilio.

La historia empieza con la lucha del sindicato metalúrgico de Brasil. El eterno combate sindicalista tan frecuente en todos los tiempos y latitudes de América Latina, del que se engendra el Partido de los Trabajadores (PT), el vehículo que por la izquierda llevó a la presidencia al líder sindical que lo construyó: Luis Ignacio Lula da Silva. Tras los años de gloria de Lula, vino la corrupción y decadencia de Dilma Rousseff y el PT, el impeachment, la carcel, la vileza de Michel Temer, el terror de Jair Bolsonaro y no sabemos qué más.

Una gran virtud de este documental es que cuenta una historia política como un thriller policiaco, con una narración ágil y videos inéditos y fascinantes de momentos clave de la historia reciente de Brasil.
Sin embargo, su verdadera virtud es que se vale de esa gran y triste historia hacer una advertencia: la democracia no es una condición perpetua, sino una construcción diaria.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *