Algunas palabras sobre el feminismo*

Por Roberto Dorantes

El ser humano es un ente de razón con fundamento en el ser, cuando se habla de humano, se habla de la nota característica del ser, es de humanos sentir, comunicarse, crecer, reproducirse, nacer; sin embargo la nota esencial del ser humano es el intelecto, pensar, razonar.

Hombre y mujer en cuanto dignidad son iguales, compartimos la misma nota que es la intelectual, ambos cuentan con un cuerpo y con la razón que los hace ser humanos; en cuanto individuos somos distintos, cada ser es único e indivisible, en cuanto hombre y mujer existe una diferencia, empezando en el mismo vocablo que utilizamos para llamarlos, y en todos los idiomas existe un vocablo distinto para el hombre y la mujer.

El color de la piel como el sexo pertenece a la materia de cada individuo, en cuanto racional es parte de la esencia o forma que nos hace seres humanos, las diferencias suelen ser accidentales en cuanto a la misma forma de reaccionar o por la anatomía.

A la diferencia entre hombre y mujer, el “feminismo” le da una importancia errónea al considerar diferente como debilidad, desigualdad. Diferente es un adjetivo relativo, no cualitativo; sólo designa la no identidad de algunos aspectos accidentales entre hombre y mujer, pero no conlleva un juicio de valor sobre el sustantivo al que acompaña.

Dudar del “feminismo” que equipara diferente a inferior, y que grita que “la mujer es inferior al hombre”.

No se trata de una lucha de poder, al contrario, entre hombre y mujer se conjuga un complemento, que se da perfectamente en el matrimonio y en la familia. Complemento biológico, espiritual y emocional, ya lo decía Pablo el apóstol: “Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama y nadie aborrece jamás su propio cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne”.

El feminismo fracasa gracias a una susceptibilidad exagerada en la defensa de sus derechos que en muchas ocasiones llega a lastimar y olvidar los derechos de otros. Duda del feminismo que considera un acercamiento y mimetismo al ser masculino, que por ende empobrece la naturaleza femenina.

Y como bien escribe una mujer, Blanca Mijares: “La mujer por su propia naturaleza lleva consigo la maternidad como potencia inscrita en su ser y, por lo tanto, posee un lugar privilegiado para la formación de una familia y de una sociedad. Subordinar la maternidad y la vida familiar a la vida social y laboral es un terrible error que han cometido muchas mujeres en aras de su “liberación”, que más bien ha sido una liberación para los hombres y en aras de su masculinización, privándolas del amor y la riqueza que les permite su ser femenino: de un esposo y una familia”.

 

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