AMLO 2.0

Por Carlos Hornelas

El nuevo mapa geopolítico que se dibuja en el país obliga a replantear el sistema político mexicano. Si bien las encuestas nos acostumbraron a ver en primer lugar a Andrés Manuel López Obrador, pocos vislumbraban que, a cuatro años de su incursión en la escena política, Morena se convertiría en ese Tsunami que hoy se constituye en primera fuerza a nivel nacional.

Unas semanas antes de los comicios, Enrique Krauze, en sus presentaciones a propósito de su nuevo libro, invitaba a los votantes a que no sufragaran por el mismo partido en todos los cargos elegibles, con tal de que el nuevo presidente en turno no tuviera la mayoría en ambas cámaras a nivel nacional.

No obstante, el electorado decidió darle ese bono de credibilidad a AMLO y ha enviado al PRI hasta el sótano de las preferencias. Se dice que en los 300 distritos en los cuales se dividen los distritos uninominales, no hubo uno solo en el cual se registrara victoria del candidato José Antonio Meade. Lo cual quiere decir, en lenguaje llano, que ni los mismos priistas votaron por él. Que la otrora aplanadora que tenía militantes de cepa y organizaciones sociales incondicionales, se averió, se rompió, se resquebrajó después de tantas décadas de soportar las presiones y los humores de los dirigentes.

Esta reflexión tarde o temprano tendrá que hacerse a profundidad para determinar cuáles fueron las verdaderas causas que lo catapultaron a la cima.
Si el voto fue de castigo con el sistema, entonces el electorado se defraudará cuando vea las caras de quiénes eran prominentes figuras de otros partidos y que por una u otra razón recularon en Morena.

Si el voto fue promovido por la estructura del PRI, que resolvió finalmente inclinarse por AMLO, seguramente los operadores esperan algo de él en retribución y el tiempo para cobrar iniciará en diciembre. Andrés conoce la estructura desde sus entrañas porque emanó de ese partido y conoce la manera de hacer funcionar la maquinaria, porque cuando fue líder del PRD tuvo excelentes resultados.

Si el voto que le dio el triunfo proviene de aquellos que buscan un cambio en la estructura del poder, independientemente del giro, se encontrarán con que muchas de las prácticas que se piensan erradicar son componentes que hasta ahora han hecho girar la máquina. Hay cosas que pese a lo que piense la gente, simplemente no pueden cambiar: son otros jugadores, pero sigue siendo el mismo juego.

Existen algunos cambios en la escaleta, eso sí. Las diferentes fuerzas se sientan a la mesa con diferentes cartas. Por ejemplo, este AMLO 2.0 no es aquel que quería mandar al diablo las instituciones. Se presenta en esta ocasión como conciliador, imperturbable, generoso y hasta afable: lleva la mano. El PAN tendrá que reconfigurarse tras las coaliciones con el PRD que terminaron… con el PRD. El PRI, sin las distracciones del PES y del Panal tendrá que rearmarse, ahora parece haber muchos priistas y poco partido.

Tal vez el reto más grande que tenga Morena es empezar a ser gobierno porque es relativamente más sencillo señalar los errores de quien gobierna que tratar de gobernar sin errores. Se tendrá que transitar del dicho al hecho, so pena de correr el riesgo de ir de la República Amorosa a la República Humorosa.

 

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