Amor, orgullo y sueños

Mary Carmen Rosado Mota
@mary_rosmot
latribunaesnuestra@gmail.com

Ayer se conmemoró una edición más del día internacional del orgullo LGBT+, diferente a lo que han sido los desfiles de años anteriores. Esa explosión de colores, música y amor manifestando el orgullo de ser simplemente quien cada quien decide ser, no estuvo en las calles pero sí inundó las redes sociales, en este año tan peculiar que nos ha tocado vivir.
Y es justamente de eso, de amor y de orgullo que se han cimentado los sueños de algunas personalidades del deporte que han levantado la voz para visibilizar una realidad que es más común que inusual y que, sin lugar a dudas, es una lucha que deberíamos apoyar todas las personas. Esto no se trata de lo individual, sino simplemente de ser justos, de igualdad, de respeto y de inclusión.
Sin embargo, cuando se trata de un mundo tan exclusivo como el deporte de élite no se tiene la libertad de ser una misma sin necesidad de explicaciones o comunicados. Martina Navratilova, tenista ganadora de 18 Grand Slam, durante los años 80 vivió los señalamientos de compañeras del circuito, la crítica de una sociedad que se fijaba más por lo que hacía fuera que dentro de la cancha y hasta la amenaza de algunos patrocinadores de retirarle su apoyo si “salía” de forma oficial.
La estrella estadounidense Megan Rapinoe ha empleado la fama producto de su inmenso talento en el fútbol para exigir mejores tratos, derechos y libertades para todas las personas sin importar ninguna distinción. Junto con su novia, la basquetbolista de la WNBA Sue Bird, han dado muestra de que el amor y el éxito profesional pueden ir de la mano.
La velocista de la India, Dutee Chand, se convirtió hace unos meses en la primera atleta de su país en declarar abiertamente su homosexualidad, esto después de que el Tribunal Supremo indio considerara ilegal el artículo de su código penal que condenaba las relaciones entre personas del mismo sexo. Dutee ha querido ser sincera como un símbolo de respaldo y valor para otros hombres y mujeres de su nación que temen expresarse libremente.
Junio está por terminar, pero esta lucha debe acompañarse todo los meses, todo el año. Por el orgullo de ser quienes somos y por los que aún no pueden serlo, por un mundo sin etiquetas, sin señalamientos. Donde termina el arcoíris, ahí está el sueño por cumplir. Ojalá algún día los derechos y nuestros privilegios, no dependan de a qué persona decidimos amar. El amor es amor, en todas sus formas, y eso es lo único que nos debe importar.

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