Andrés, que no te tiemble la mano

CARLOS HORNELAS
carlos.hornelas@gmail.com

El presidente Andrés Manuel López ha presentado su informe de gobierno en un acto caracterizado por la austeridad que se manifiesta de diversas maneras. En primer lugar, con el número de asistentes. Recordemos que en el pasado el día del informe del ejecutivo se daba la ceremonia del más humillante y numeroso desfile de besa-manos de los integrantes del gabinete quienes le rendían culto al primer mandatario.

Aquí, ese séquito se ha reducido a la mínima expresión simbólica congregando a sus más allegados. No obstante, el comentario final, lacónico y contundente cierra con broche de oro su intervención desvelando la percepción que tiene sobre sí mismo y su gestión. Reconoce que hay oposición, que hay espacio para el error sin ser malintencionado, pero con los datos propios que nadie sabe de dónde los obtiene, se dice poseedor del todavía 71% de aprobación de los ciudadanos, como queriendo presumir por un lado y por el otro, dando a entender que no se preocupa por sus detractores mientras tiene “con el pueblo, todo” citando a Juárez.

La austeridad también se siente en la longitud del discurso. Extrañamente, las conferencias mañaneras tienen una duración mucho más extendida que su propio informe de logros. Tal vez haya más que decir en ellas. O tal vez así se ha sentido porque, en el informe ha abandonado la parsimonia de su discurso, la lentitud en la acuñación de sus frases y la ha sustituido por su celeridad, su perfecta enunciación y si uno acostumbra a escucharle, podría decirse que en esta ocasión ha tenido hasta prisa por terminar lo más pronto posible.

Austero, en las referencias a los temas abordados. Se ha hablado de recuperación económica en “V”, cuando también reconoce un mayor desempleo: parece que hasta cuando nos va mal, nos va bien, “como anillo al dedo”. Aparentemente con un mayor desempleo tenemos un crecimiento mayor al de períodos y regímenes anteriores, si nos atenemos a sus dichos. Se habla de una estabilidad del precio de la gasolina, por ejemplo,  como si fuese un logro personal. En la pandemia y el encierro la gente deja de usar sus vehículos y si se atiende a las leyes de oferta y demanda, el precio del combustible debería ceder, como dicta la lógica.

Lo mismo ocurre con la omisión de los puntos pendientes por cumplir, si atendemos a los llamados “100 compromisos” que se había marcado al inicio de su gobierno y que, de acuerdo con el último informe, solamente faltarían seis. Si ambas cosas fueran ciertas, esto revelaría que no hay avance alguno entre el lapso de uno y otro.

Un capítulo de atención especial es de la pandemia, que coloca su narrativa en una situación similar a la que defendió durante el resto de su gestión Miguel de la Madrid Hurtado, quien culpaba al terremoto del 85 de la pérdida de las posibilidades para cumplir con lo esperado. La pandemia podría ser ese recurso que justifique la causa de la debacle de la cuarta transformación: “todo iba muy bien cuando algo ajeno, aleatorio y repentino nos cayó encima como un rayo”.

Es contrastante que, mientras la OMS solicita que el gobierno mexicano se tome las cosas en serio y es considerado uno de los peores países en el manejo de la crisis, AMLO anteponga al análisis de su gestión en ese rubro la herencia de un sistema de salud en ruinas. Recordemos que parte de las reformas estructurales con las cuales inició su mandato fue precisamente con la creación del Insabi y el desmantelamiento del seguro popular por ineficientes.

Cabe por último mencionar que si goza del respaldo que presume y no le interesa su popularidad sino pasar a la historia como prócer, todavía tiene dos tercios de su mandato por delante, que no le tiemble la mano.

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