Arrebatando como siempre

Por Renata Millet

“Nadie nos ha regalado nada, lo hemos tenido que arrebatar” nos dice constantemente un maestro, hablando de los derechos de la ciudadanía. Es verdad.

Cuando hay mayoría en el Congreso de la Unión del mismo partido que el presidente, es difícil que pasen leyes que les vayan a perjudicar. Cuando sucede lo contrario, este proceso se congela. De alguna u otra manera, el poder se protege a sí mismo: ya sea no pasando leyes o pasando sólo las que les convienen. En fin, el poder se protege siempre a sí mismo. Por seguridad, por interés, por instinto, por historia. Pero lo hace hasta que los ciudadanos le arrebatan los privilegios.

Además, pasar leyes no basta ¿De qué nos sirve tener derecho al libre tránsito y a la seguridad de mi integridad física, si no puedo salir sola de noche en vestido porque no sé si regrese a mi casa? ¿Para qué tener un derecho al medio ambiente limpio si no existen medidas que lo apoyen? ¿Tener derecho a igualdad de género, derecho a la educación de calidad, libertad de expresión, si ejercerlos conlleva una batalla campal por parte del ciudadano?

Recuerdo el caso de Paulina, en Baja California. Ella sufrió una violación a los 13 años y quedó embarazada. El director del hospital le negó el derecho al ILE (Interrupción Legal del Embarazo por ser producto de una violación). Ella denuncia y las autoridades correspondientes aun así se lo niegan. Siete años después, Paulina logra ganar el caso haciendo que el gobierno de Baja California le reconociera el derecho y le indemnizaran por los años en los que tuvo que mantener al hijo. Esto ha dado paso, además, para que se comiencen reformas en las leyes.

Creo que este caso refleja con claridad lo que decía al principio. Primero, que nadie te regala los derechos: los tienes que arrebatar. Segundo, que el poder se protege a sí mismo: niego la interrupción del embarazo, pero tampoco ofrezco medidas para ayudar a las madres solteras, jóvenes, violadas. Es decir, vuelvo a la población vulnerable todavía más vulnerable.

Esto también muestra que la ley por la ley no basta. Es necesario, indispensable más bien, reconocer los derechos y aprobar leyes que los avalen y protejan. Pero un par de palabras escritas en un papel no bastan para que una realidad se cambie, es necesario generar las vías para obtenerlos.
No paso la ley 3 de3, no hay una fiscalía autónoma. Pero hace años tampoco había un INE autónomo y hoy sí, no se hablaba sobre la importancia de la educación y hoy, al menos, ya no se heredan plazas.

Son pequeñas victorias y estas siempre han sido, son y serán, de una ciudadanía organizada que vigile, presione y exija, el gobierno que quiere merecer.

 

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