Bandersnatch (2 de 2): ¡Apágalo!

 

Por Sergio Aguilar

[Spoilers importantes de la película “Sentencia previa” y “Bandersnatch”]

Recordemos la película “Sentencia Previa”. En ella, la policía de Washington tiene unos seres mutantes que pueden predecir el futuro, logrando acabar con casi todo el crimen. Nuestro protagonista, Tom Cruise, es líder de esa unidad especial. La trama se complica cuando él mismo es acusado de un asesinato que cometerá en 48 horas. Cruise huye de la policía al tiempo que trata de averiguar a quién va a matar.

Por supuesto, llegará el momento en que entienda a quién quiere quitarle la vida, y para la sorpresa, decide no hacerlo, rompiendo el destino determinista que plantea la cinta, y regalándonos una lección fundamental sobre qué es ser libre.

Considero que esa idea es la más importante para entender cómo podemos librarnos de Bandersnatch: uno no es libre cuando hace lo que quiere, sino que sólo es realmente libre cuando no hace lo que quiere hacer. La libertad máxima no es la de soltarse al hedonismo del consumo que no permite espacio para la reflexión, el cuestionamiento y la crítica. La libertad máxima se alcanza en la capacidad de no ceder en el deseo, de no ser presa del camino pre-establecido con el que se mantienen las condiciones de elección.

Esas condiciones de elección están validadas con nuestra continua presencia. Mientras más preguntas respondemos, y más avanzamos en la historia, más claro queda que no estamos eligiendo una narración, sino llenando un cuestionario: el cuestionario del Big Data, con el que Netflix nos está conociendo a gran escala. Cuando decidimos que sí queremos tomar la droga, que no queremos saber nada de la madre, que quisimos retraernos de atacar al papá, no sólo es tramposa la narrativa pues suponen un bucle que nos obliga a hacerlo (revelando el embudo en el que este “árbol de múltiples elecciones” está atrapado), sino que también revela nuestras propias elecciones a una plataforma que gana de averiguar más y más de nosotros.

En ese sentido, elegir en Bandersnatch supone, como mencioné en la anterior entrega, antes que elegir el cereal o tomar LSD, elegir entre seguir atrapado en las mismas condiciones de elección. El punto es, por supuesto, intentar zafarse de esas condiciones, y ahí es donde el camino de la violencia puede ser la clave.

Esta no es la violencia física subjetiva que podría pensarse en primera instancia, sino la violencia de negarse a las opciones. La búsqueda de una tercera opción en Bandersnatch supone el enfrentamiento con el sistema y su binarismo de la elección, con su tiranía de la elección (para citar un libro de Renata Salecl).

No puedo evitar recordar el último capítulo de Black Mirror antes de que sea adquirido por Netflix, “White Christmas”, quizá el último episodio realmente subversivo y auto-crítico. Un personaje le grita a su esposa que apague el bloqueo visual y auditivo que se impuso. Es revelador ver la profecía de esa escena: la idea no es elegir entre izquierda o derecha, ni engañarnos con que nos están dando opciones a elegir. Hay que tener el valor de abrazar una verdad universal, un imperativo que nos entregue el único modo de escapar, aunque sea con la violencia de negarnos las opciones: ¡Apágalo!

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