Bartlett: una posible explicación

Por Carlos Hornelas

En la última semana hemos escuchado en numerosos medios la crítica a la designación de sendos personajes que han sido llamados a formar parte del gabinete del todavía virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, entre ellos Manuel Bartlet.

La misma Tatiana Clouthier, parte de su equipo de campaña, se ha manifestado inconforme con la decisión arguyendo que no tiene ni el perfil ni los conocimientos para hacerse cargo de la Comisión Federal de Electricidad. Algunos de los comentadores y opinadores coinciden que para ocupar un puesto en la administración pública se debe tener cierta formación especializada y evidenciable para tomar las decisiones adecuadas a la luz de la razón.

Las voces tecnocráticas ven a la política reducida al campo de la administración pública como ámbito de gestión del gobernante en turno. Sin embargo, habría que recordar que, como decía Max Weber, el gobernante tiene siempre ante sí dos tipos de soluciones: las técnicas, que obedecen a la razón y basadas en la “ciencia” (las llamadas tecnocráticas) y las políticas, que se orientan a lograr alianzas o consolidar estrategias entre facciones para mantener el poder. Así, el gobernante podrá optar por una solución técnica u otra política dependiendo de lo que se trace como derrotero en su plan de gobierno.

No es la primera vez que se incluye en un gabinete a personajes que no gozan de la popularidad o estimación del electorado. Para la presidencia de Kennedy, por tomar un ejemplo, conservar a Hoover era más rentable para sacar provecho de su operación política, los secretos que custodiaba o los aliados que poseía, más que de su talento o formación académica. Maquiavelo insistía en que hay ocasiones en las cuales requieres tener más cerca a tus enemigos que a tus amigos.

En ese sentido, el político, podemos entender algunas de las ideas y comportamientos de AMLO. La idea de la amnistía, las puertas abiertas a políticos de distintos colores y hasta la reconciliación con su otrora adversario, José Antonio Meade.

Weber escribió que los tres fundamentos de la autoridad son: costumbre, carisma y legitimidad. AMLO tiene el mejor capital político posible con dos de tres aspectos, pero ¿será capaz de sacarle provecho?

 

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