Columna | Dar la vuelta a la ciudad

Por Jhonny Eyder Euán

¿Dónde estabas cuando todos aquí sentimos el verdadero terror? ¿Ya te habías resignado? Claro que no. No soy ningún cobarde para irme, además no hay escapatoria. Nadie puede huir, ya deberías saberlo de sobra. A donde vayas, en donde te escondas, estará presente para doblegarte si no te cuidas.

No me he dado por vencido, eso nunca. Sólo ocurrió que el día se tornó sofocante en mis cuatros paredes y el corazón me llamaba con insistencia. ¡Cómo decirle que no!

Tomé las llaves y di unos pasos inseguros, trémulos ante el hecho de pisar una superficie que se había vuelto extraña. Parece tontería, pero después de tantas semanas, reencontrarse con la calle es como estar en otro país.

No sería capaz de desaparecer. Por eso le di la vuelta a la ciudad. Quería estar cerca, recordar que hay respiraciones que detienen la mía para darle luz, armonía, ilusión.

Tú no entiendes nada de esto. Te dedicas a temer y te cubres con falsedades y una que otra verdad que llevas al extremo como si fuera religión. Estás castigando a tu espíritu cada vez que críticas a quienes sólo quieren estar acompañados en esta pandemia.

Fue una buena noche, aunque no lo creas. Reconforta saber que para los momentos malos de la vida contamos con personas que se vuelven familia. Es bueno cuidarse mutuamente y sentir apoyo para cualquier adversidad. 

Cuando volvía no había autos en la carretera. Todavía recuerdo que transitar muy de noche es una experiencia casi solitaria, rara vez te encuentras rivales en la autopista. Siempre veo el camino desolado y sólo el alumbrado le da un poco de brillo al momento. Además, no se siente la velocidad al viajar, aunque el tablero te revela el alcance de las llantas que giran y esquivan baches. La música de Foals aleja los ruidos de la máquina, aleja hasta tus preocupaciones. 

Eso pasó. Manejaba ajeno a las malas noticias que se han hecho lo esencial para ti. No estaba pendiente ni del tiempo ni del clima, lo único fijo en mis ojos era la línea recta de la vía y el pavimento que enseñaba sus cuarteadas con la luz de los faros.

Supongo que estaba en la carretera cuando sucedió, aunque no sentí absolutamente nada. Por la soledad del camino no había forma de enterarme. Así sucedió, no me di cuenta.

Si al volver y no inmutarme ante tu pavor por un sismo te parece una falta de respeto, ya déjame en paz. No me hables, esta noche no hay tiempo para los nervios, lo que necesito es mantener la esperanza.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *