Columna | La caída de un lugar maravilloso

Por Jhonny Eyder Euán

Cuando la marea subía, Luigi miraba contento como sus huéspedes permanecían ajenos al agua que lentamente inundaba los espacios. A ellos nada les pasaba, pues en botes y hasta en bañeras estaban a salvo. Pero todo acabó hace poco, cuando un fenómeno devastó a un modesto hogar de libros en Venecia.   

La ciudad de los canales sufrió su peor inundación desde 1966 y los botes no fueron suficientes. Ni una gran góndola pudo proteger a los ejemplares del agua que llegó por todas partes, llevándose el olor a papel y las millones de palabras que vivían en los estrechos espacios de Acqua Alta, un librería ubicada en el pleno corazón de Venecia.

Acqua alta se llama también el fenómeno que, cada cierta época del año, hace que el agua eleve su nivel e inunde las calles, las viviendas y negocios que se encuentran en las zonas más bajas de Venecia. Por lo general, las inundaciones no generan mayores afectaciones a una ciudad acostumbrada a vivir entre agua, sin embargo, este 2019, todo se tornó en un caos que derivó en un estado de emergencia.

La histórica inundación causó dos muertes, anegó restaurantes, palacios y comercios y obligó a cerrar escuelas. Los italianos dijeron a la prensa que no esperaba algo así, no estaban preparados. Mucho menos lo estaban los empleados de la librería de Luigi, que poco pudieron hacer ante semejante oleada de libros arrasados, descompuestos y reducidos a cuerpos destinados a la desaparición en el fondo de las aguas.

El aqcua alta subió 187 centímetros cuando casi todo mundo dormía en Venecia. Los habitantes se enteraron porque sonaron las sirenas, luego de que un maremoto hizo que el agua suba y comience a esparcirse por todos los rincones.

Así llegó la marea a Acqua Alta, la librería de Luigi Frizzo que desde 2004 se convirtió en un atractivo de la ciudad, una maravilla con olor a humedad y a textos de llenos de historia y arte. Sus pasillos repletos de libros y su escalera hecha de tomos viejos de enciclopedias—ya sólidos por la humedad— hicieron del lugar un espacio único para los amantes de la lectura. Es una librería que con frecuencia se volvía flotante, que desafió al destino fatídico, pero que perdió la batalla.

La noche de un martes el agua no se cesó su marcha. La marea no tuvo piedad para sitios históricos como museos, templos, ni para la modesta librería que hasta hace poco sólo estaba inundada de libros.

 

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