Columna | Tristeza sin cura

Por Jhonny Eyder Euán

Cuando me pregunten dónde estaba cuando se acabó la tristeza, no pensaré en un lugar. Lo único que haré es recordar.

Pensar en lugares no es lo importante cuando hay muchos hospitales donde los niños enfermos de cáncer sufren desabasto de medicamentos. Es un problema de meses que nos está dejando sin futuro, porque eso son los pequeños.

Pero no sólo en hospitales perdemos el futuro, también en las calles. Si el dinero puede ser como el diablo y hacerte un ser ruin, el alcohol es como el demonio que disloca tu camino.  Es el enemigo líquido que causa pesares como hacer que un conductor no se fije y atropelle a un adulto y a un bebé que estaban en la puerta de su casa. Una clara muestra de que en ningún lugar se puede decir que estamos a salvo. Los familiares de esas víctimas lloran y piden justicia. En sus rostros se puede apreciar coraje y la exigencia de justicia, eso no les devolverá a sus seres queridos, pero es lo mínimo que les deben.

Un rostro que sufre nunca debe ser ignorado. Sufre la persona que no puede revelar su homosexualidad por temor a defraudar a sus padres. Un caso que sigue ocurriendo por la falta de comprensión de las personas mayores que tienen costumbres conservadoras en pleno siglo XXI.

Sufre la persona que no pudo terminar sus estudios por falta de dinero. Quería hacer algo importante en la radio, y ahora transita los días vendiendo helados entre los pobladores de un lugar muy lejano. A veces no es por falta de ganas que no se trasciende, es porque se vuelve más importante saciar el hambre.

Recuerdo que continúan lo despidos. Perder el trabajo es una calamidad, y más cuando les pasa a personas que son el soporte de familias numerosas. Es como una punzada al corazón que detiene los pasos al caminar.

El asesinato de mujeres es el crimen que recuerdo y me hace bajar los brazos en señal de derrota ante una sociedad de humanos detestables que osan atacar a sus similares sin pudor ni arrepentimiento.

Pasan tantas cosas que hay de sobra para quedarse quieto y pensar qué responder. Recuerdas las muertes, el tren que amenaza al medio ambiente y el elefante que murió en el vientre de su madre.

Cuando me pregunten dónde estaba cuando se acabó la tristeza, me acercaré al reportero y le diré que la tristeza es como una enfermedad sin cura, nunca se acabará y es necesario aprender a vivir con ella.

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