Cómo y quiénes somos

Mario Barghomz

mbarghomz2012@hotmail.com

Hace solo algunas décadas los estudios científicos sobre el cerebro humano se hicieron más específicos y refinados. La aparición de las nuevas tecnologías ha permitido que observemos con más detalle y precisión cómo es que funciona nuestro sistema nervioso.

Las observaciones y hallazgos de última generación naturalmente se sostienen en aquello que de una u otra manera ya se sabía o se pensaba desde los primeros filósofos que se encargaron de reflexionar sobre el conocimiento y nuestras ideas, particularmente Platón y Aristóteles.

Después de ello la ciencia no siempre ha sido precisa ni exacta en hipótesis y teorías que con el tiempo resultaron falsas o improbables. ¿Qué es el hombre? y ¿cómo funciona el Universo? han sido preguntas desde la Filosofía de la Phisis de los antiguos presocráticos, que ahora comparten territorio científico.

Sobre el pensamiento del cerebro, Aristóteles decía, por ejemplo, que todo hombre al nacer lo hacía “tabula rasa” (en blanco) y la vida misma le iba enseñando lo que a la larga sabría y sería. Es decir, que el tiempo lo iba determinando. “Todo lo aprendido –decía- se hace a través de los sentidos”. Y el hombre será lo que tenga que ser y saber, solo a través del tiempo y la experiencia. De aquí la ciencia y su defensa del conocimiento empírico, objetivo, racional y lógico.

Pero resulta que hoy la ciencia del cerebro (Neurociencia) nos dice que no nacemos con nuestro pensamiento en blanco como creía Aristóteles. Sino que al nacer, lo hacemos ya con cierto conocimiento de lo que luego (como dice Platón), a través de la edad y el tiempo, simplemente adaptaremos, cambiaremos, modificaremos o enriqueceremos según nuestra propia necesidad personal, entorno, ambiente y capacidad. Hablamos del ADN de nuestra herencia genética.

Esto quiere decir que cómo y quiénes somos, está determinado en parte por las neuronas genéticas tanto de corto como de largo plazo, lo cual tiene que ver con lo que el hombre ha sido a través del tiempo de millones de años (herencia de largo plazo) y con los rasgos, temperamento y carácter de nuestros propios padres y abuelos (herencia de corto plazo). Y esto hasta ahora descubierto por la ciencia en lo que ella misma llama: arquitectura sináptica de nuestro cerebro.

Pero la Neurociencia también ha descubierto que una conexión sináptica, sobre todo de corto plazo, no necesariamente se mantendrá (o deberá mantenerse) en nuestra vida. Razones ambientales y de experiencia propia determinarán que una sinapsis heredada se mantenga, se modifique o se desactive para crear otra. Y todo gracias a la neuroplasticidad que permite que nuestro cerebro no sea rígido, sino que tenga la posibilidad de rediseñarse para darnos la posibilidad de que si hemos nacido, por herencia genética, con una alta predisposición a padecer un cáncer o una diabetes, o con el tiempo padecer el mismo alcoholismo o mal temperamento de uno de nuestros padres, desconectemos estas sinapsis y modifiquemos nuestro propio destino. Dicho en términos coloquiales en alusión al dicho “de tal palo tal astilla”: no toda astilla debe determinarse de acuerdo al palo de donde se ha desprendido.

Hoy tenemos ya la posibilidad de entender que una mala herencia genética (con sus excepciones a la regla, por supuesto) no determinan nuestras propias posibilidades de cambiar y modificar un pasado adverso. O si es el caso, como es el de algunos, de refinar una herencia virtuosa (tocar el piano o el violín, cantar, bailar, pintar, amar el arte, la literatura o la ciencia…) para llevar a otro nivel el virtuosismo y sensibilidad heredada de un abuelo o un padre, para ser excepcionalmente mejores o definitivamente brillantes.

Lo interesante de estos hallazgos científicos en una disciplina tan nueva como la Neurociencia, es que de la especulación filosófica o la simple suposición médica, ahora sabemos qué y cómo sucede. De tal manera que ser por ADN la viva estampa de nuestro padre o el reflejo de nuestra madre, si es que hemos nacido con eso, podemos enriquecerlo o modificarlo según nos parezca. Cómo y quiénes somos, solo dependerá de nosotros

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