Cuando 31 minutos perdió su magia

Por Marcial Méndez

El 2 de febrero iba a darse, en Iztapalapa, un show tributo al popular programa de títeres chileno, 31 minutos. Digo “iba a darse”, porque al fin y al cabo no se dio.

Una semana antes del evento, se publicó un artículo donde se aseveraba que Isaac Meza –el artista detrás del tributo– contaba con la autorización de Álvaro Díaz –uno de los creadores de la serie original– para usar “la imagen de la serie infantil” en sus propias producciones. Rápidamente, las redes sociales de 31 minutos negaron que el mexicano tuviera autorización alguna para interpretar a sus personajes y, en una historia de instagram, lo tacharon de “impostor” y calificaron sus tributos como “presentaciones de cuarta”.Meza, por su parte, hizo su propia declaración pasivo-agresiva. Y así nomás, el tributo se fue al caño y los fanáticos tanto de uno como de los otros se quedaron con el amargo sabor de la disputa.

Se entiende la renuencia del equipo de 31 minutos a que otros se adjudiquen y trastoquen su identidad. Lastimosamente, en su intento por evitarlo, ellos mismos hicieron justamente eso. Su incisiva reacción en contra de Meza resultó muy disonante respecto a su amigable presencia en redes y al aprecio que suelen mostrarle a las creaciones fanmade.

No es que 31 minutos haya estado mal en desmentir a Meza, sino que lo hicieron de una terrible manera que no logró más que dañar la ilusión que habían construido en torno a su marca. Para ellos fue un error comunicativo pero, para los fans, esto es un duro desencanto.

 

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