Curándome en salud

Carlos Hornelas 
carlos.hornelas@gmail.com

Cada 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de la enfermería en conmemoración del nacimiento de Florence Nightingale, considerada la madre de la enfermería moderna. En Estados Unidos y Canadá la efeméride de reconocimiento se extiende desde el 6 hasta el 12 de mayo desde su instauración por Richard Nixon en el año de 1974.

En México, de acuerdo con datos del IMSS se cuenta en la actualidad con 132 mil 211 enfermeras y enfermeros que laboran todos los días, sean feriados o fines de semana.

Como se sabe, sus jornadas y la carga laboral se han incrementado ante la pandemia de COVID19 en el último año. En contraparte, las retribuciones económicas y sociales no han ido a la par de esta eventualidad.

Para darnos una idea, de acuerdo con el Observatorio Laboral del Gobierno Mexicano el ingreso mensual promedio de personal en este ramo, entre 20 y 26 años ronda entre los 5 mil y hasta 9 mil pesos, mientras que los más experimentados pueden aspirar de los 9 mil y hasta los 13 mil pesos.

Ante condiciones precarias en nuestro país, como la falta de infraestructura, material de trabajo, carencia de capacitación oportuna, equipamiento para realizar su labor, horarios extenuantes, hay que sumar el menosprecio ocasional de familiares de pacientes y hasta del personal médico dentro de sus respectivos centros laborales.

En lo que se refiere al reconocimiento social de su labor, es necesario recordar que, durante la pandemia han sufrido, además, agresiones verbales y físicas tanto de vecinos como de personas que les habían atribuido el contagio masivo entre distintos sectores de la sociedad. Por tanto, su actividad laboral ha puesto en riesgo su propia integridad física y seguridad de sus familiares.

Durante esta época, las historias de entrega que aparecen en los medios de comunicación y en las redes sociales virtuales son muestra de la vocación y entrega con la que, a pesar de tener condiciones en contra, llevan a cabo sus actividades con la mayor entereza de que son capaces. Como la de Violeta García quien trabaja en el Hospital General Dr. Gustavo A. Rovirosa de Villahermosa, Tabasco, que, pese a las inundaciones de noviembre de 2020 cada día bajaba por una escalera colocada desde la planta alta de su casa para abordar una lancha que la llevara a cumplir con sus labores en el nosocomio.

La enfermería quizás sea el eslabón más vulnerable de la cadena de atención en salud. Como se sabe, parte de este gremio no ha sido vacunado hasta la fecha, pese a encontrarse todos los días de frente en la batalla contra la COVID19.

Para muchos de nosotros, han sido la cara amable, la sonrisa y a veces hasta la versión caritativa en la atención médica, así como el puente entre los familiares y el personal médico especializado que, en mi experiencia personal, a veces contrasta en el trato al enfermo y a su dignidad personal.

Más allá de lo estrictamente profesional, el vínculo emocional y afectivo que a veces es imposible de evitar entre paciente, familiar y enfermera o enfermero, es, desde mi experiencia personal, una extraña complicidad que resulta fundamental para sobreponerse a cualquier tipo de padecimiento.

Gracias a todo el personal médico que hoy por hoy se rifa la vida cada vez que sale de su casa a ejercer su apostolado. Ojalá podamos como sociedad corresponder un poco a su consagración a nuestra salud cuidándonos sin bajar la guardia pese a las vacunas.

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