David…

Se llamaba David, y estaba de santo. Era un ser especial. Era enfermero en un hospital infantil. Le gustaba el fútbol, era muy talavantino, leía libros de historia, montaba a caballo, y siempre estaba alegre…

Los pequeños le adoraban. La vida en una clínica no es fácil. Les hacía reír, les contaba cosas de su infancia en el pueblo, organizaba juegos, les animaba a diario, y les consolaba si alguna vez estaban tristes…

Por esa razón, porque le querían mucho, los chiquillos le hicieron un regalo aquel 29 de diciembre. Un perro. Un hermoso cachorro de labrador. Blanco, dulce, suave… un adorable animal de escasos dos meses…
El enfermero se emocionó. Le fascinaban los perritos, y el detalle de los niños le enamoró el alma. Decidió que fueran ellos mismos los que le pusieran nombre. Y los pequeños entusiasmados acometieron la tarea.

Escogieron el nombre de Vid. La mitad de David, el muchacho al que tanto apreciaban. Y la palabra Vid, tan bella. Simbolizando vida. Frescura. Bondad. Lo que es bonito, lo que es puro. Vid sonaba a vida!

Dedicado a David Silveti
Dedicado a mi amigo David Mora, grande!
Dedicado a las personas que hacen más agradable la vida en los hospitales
Dedicado a Luis Carrasco

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