Editorial

Se consumó lo que se esperaba: el Congreso del Estado decidió rechazar la solicitud de préstamos que realizaron los ayuntamientos de Progreso, Umán y Mérida, dejándolos sin posibilidad de recuperar parte de los recursos que perdieron por la pandemia.

De nada sirvió que hayan mandado llamar a los alcaldes de las comunas en cuestión para que fueran a exponer los motivos por los cuales necesitaban el empréstito. No les importó incluso que el alcalde Renan Barrera Concha presentara información completa y hasta demás sobre el curso que le daría a los recursos públicos, ya que en realidad los legisladores no esperaban aprobar los recursos desde el principio.

Pero y si no les importaba, ¿por qué de todas maneras hicieron todo este espectáculo mediático que tardó aproximadamente más de un mes, y ¿por qué hicieron ir a los ediles al recinto legislativo? Era mucho más sencillo haber rechazado los préstamos desde el principio y no gastar el tiempo de ninguna de las dos partes.

En realidad, muchas veces el procedimiento político va mucho más allá de la practicidad y se mete en el terreno de la simulación. El espectáculo es para justificar decisiones que, de algún otro modo, serían injustificables.

Las excusas o los argumentos para rechazar la solicitud de préstamos en realidad son nulas cuando no se tiene la intención del diálogo o se simula el debate cuando ya se ha tomado una decisión.

Parece que la situación es muy clara: los préstamos no fueron aceptados porque eran para administraciones panistas y muy poco hay que agregar.

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