Editorial

En este espacio hemos tocado en varias ocasiones que Yucatán es un estado enfermo de alcoholismo (aunque el resto del país tampoco anda mucho mejor) y eso se demuestra con lo qué pasó anoche minutos después de que comenzó a circular el rumor de la entrada en vigor de la Ley Seca.

Cientos de yucatecos salieron corriendo a su agencia más cercana —lo que no es difícil, ya que hay más cervecerías que farmacias en las calles— y supermercado de confianza a proveerse de licor para los próximos días, aun cuando no había confirmado si era verdad o mentira esta disposición.

Todo el mundo olvidó que estamos en el punto más alto de la pandemia y que los hospitales en el estado se están quedando sin espacio para más enfermos. Las filas en los comercios eran enormes y en pocos minutos las ventas de alcohol se dispararon a tal punto que parecía que estaban regalando la vacuna contra el coronavirus.

Hay que generar conciencia entre la sociedad y crear agresivas políticas públicas para reducir la dependencia al licor, a la cerveza, o a cualquier otro producto con alcohol, ya que al final, un país o un estado que olvida que está en riesgo en su vida sólo para dotarse de unas gotas de bebidas embriagantes, no puede salir adelante.

Es una tristeza presenciar escenas como las de ayer. Una vergüenza…

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