Editorial

La decisión del Gobierno del Estado de suspender las inscripciones para el ciclo escolar 2020-2021 es la respuesta a una de las inquietudes más importantes que aquejan a las familias durante los últimos días.

Y es que si la curva de casos de coronavirus y tanto el número de decesos como el de contagios van al alza, entonces era muy probable que las clases no pudieran desarrollarse de manera normal como esperaban las autoridades.

Por lo tanto, veremos cómo el inicio de clases será el próximo 31 de agosto, pero en su modalidad a distancia y sin presencia en las aulas, como ha ha venido ocurriendo desde el final del ciclo escolar pasado.

Justamente, la Universidad Autónoma de Yucatán también tomó medidas al respecto y decidió que los alumnos no regresaran a clases el próximo seis de agosto. Optó que estas arrancarán el 31 del mismo mes, bajo un esquema a distancia y decidió esperar a que el semáforo se encuentre en verde para realizar la activación.

Como era de esperarse nos encontramos ante un año perdido para la educación, ya que si bien no se perderá del todo las clases, siempre será mejor que los alumnos puedan acudir a las aulas de manera presencial.

Esto seguramente acelerará la intención de digitalización del país y que sean las tecnologías de la comunicación una herramienta para apoyar a la ciudadanía.

Es una lástima, pero es lo mejor. Debemos acostumbrarnos a este tipo de decisiones.

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