El cambio (no) está en uno mismo

Por Mario Ovies Gage

Esta semana pasaron demasiadas cosas, pero hubo una que en especial llamó mi atención. Una empresa yucateca de plásticos lanzó una campaña en defensa de un producto muy particular: el plástico. En el video nos invita a seguir usando plástico porque es bueno para nosotros, porque da empleos y porque nos hace la vida más fácil.

Además, el video señala a dos culpables de la injusta criminalización del plástico, los malvados medios internacionales con sus fake news y nosotros por no poner la basura en su lugar. La empresa nos invita a cambiar colocando la basura en su lugar y separando los residuos, con eso, el problema estará resuelto ya que casi todo el plástico se recicla.

Sigamos con las bolsas, sigamos con los popotes, “es imposible” vivir sin plástico, cierra el video. Claro que debemos de creerle a una empresa que vende plásticos, ¿por qué nos mentirían?

Para una empresa es muy cómodo pedirle al público que ellos cambien, que dejen el coche y usen transporte público, comer menos carne y más vegetales, apagar la luz cuando salgas y desconectar tus aparatos eléctricos durante la noche. Mientras que las grandes empresas siguen produciendo plásticos, extrayendo petróleo, quemando combustibles, depredando las selvas y bosques o siguen consumiendo nuestra agua para producir refrescos, cervezas o simplemente embotellarla para venderla. En especial es muy cómodo cuando tu producto es el problema.

Un reporte señala que 100 compañías son las causantes del 71% de las emisiones globales. Esta lista incluye a empresas como ExxonMobil, Shell y Chevron, mientras que China produce el 14.3% de los gases de efecto invernadero debido a su producción de carbón y consumo.

Si unas cuantas empresas son las culpables de todas estas emisiones entonces ¿por qué culpar a las acciones individuales?

La tarea de los ciudadanos es empujar a que los gobiernos regulen a las industrias, el gobierno también debe impulsar la generación de energía renovable y apoyar por medio de subsidios a que los paneles solares y las turbinas sean más accesibles. Además de impulsar que los medios de transporte colectivos sean accesibles y de un bajo impacto.

Todo esto no quiere decir que como individuos no hagamos nada, las pequeñas contribuciones aportan, pero comentaba en la columna pasada que esto nada más conlleva a darnos paz, tenemos que hacer más. Hace unos años llegué a tomarme hasta 2 refrescos de 500 ml al día, a la semana estaría produciendo aproximadamente 14 botellas, lo que en un año serían más de 700 botellas. Si a esto le sumo que la mitad las hubiera tomado con popotes, tendría unos 350; y de ahí puedo agregar bolsas de súper, desodorantes, empaques de comida para llevar, bolsas de papas, y un largo etc. ¿Cuánta basura producimos al año? ¿Cuánta de esta basura, y en específico plásticos, se podría reducir?

El cambio para salvar a nuestro planeta no solamente está en nosotros mismos como individuos, sino en un trabajo como colectivo, como comunidad y como sociedad. Salvar al planeta, o lo que queda de él, es una cuestión de trabajo en equipo.

¿Es posible vivir sin plástico? En este momento es difícil, hasta en el agua que tomamos hay plástico, pero decir que es imposible es no confiar en nuestra capacidad para encontrar alternativas y soluciones.

Hacerle caso a una empresa de plástico de que ellos no son el problema es como hacerle caso a una tabacalera y creerle que son un producto bueno para nuestra salud.

 

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