El choque de varios mundos

Por Juan Esteban Méndez

Mae govannen, estimados lectores, en las últimas semanas he estado hablando de la presencia del fanático y su relación con la cultura popular y ahora toca, a manera de conclusión de este tema, el choque de generaciones que ayudaría a entender mucho del panorama actual.

El mismo fan, con la aceptación mediática y social, poco a poco ha cambiado su postura de consumidor y se ha convertido en un productor activo de opiniones que afectan a las historias y narrativas, las cuales escoge conscientemente.

Otro elemento surge de manera contemporánea y es el choque entre dos o más generaciones. Después de casi 40 años de comenzar la vinculación emocional de la generación X (1965-1981) con las distintas propuestas de la era del “blockbuster”, y ahora con la llegada a la adultez de la “generación Y” mejor conocida como los Millennials, quienes nacieron entre 1982 y 2004, entra otra generación en escena: “Los Centenialls”.

Esta generación más reciente de los nacidos entre 1996 y 2010 (a quien equivocadamente en las redes sociales se les acusa de Millennials), al adentrarse al colectivo mediático de los diferentes tipos de fandom en la nueva era digital usando las redes sociales como vehículo, hace el conflicto más evidente:
Mientras los nuevos creadores de contenido se aprovechan del factor nostalgia para atraer a las dos últimas generaciones (Millennials y Centenialls), la Generación X, cuya identificación con el canon establecido de sus historias, personajes y universos preferidos son modificados a diestra y siniestra, salen para exigir un correcto tratamiento de sus historias, con las cuales han sido partícipes de toda su vida hasta ahora.

Por lo anterior, la audiencia moderna es actualmente la más dividida, con un grupo que acepta las nuevas propuestas y cambios mercadológicamente dispuestos y otro que lucha desde sus trincheras para defender el santo grial de sus íconos de la adolescencia; ahora con numerosas adaptaciones cinematográficas y sus modificaciones para adaptarse, no es de extrañarse que en plena era de diversificación, a nivel de cultura popular, aún existan muros de nostalgia que no se han podido derribar.

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