El inconsciente colectivo. Gatos horizontales y verticales

Mario Barghomz

mbarghomz2012@hotmail.com

Coloco en este artículo dos ideas y una más como resultado dialéctico de su análisis. La primera se refiere al “inconsciente social” (o colectivo) que postula Carl Jung y que se refiere a la conducta heredada que adquirimos por la vía generacional o inoculada en nuestro ADN. Su teoría se explica por la repetición de conductas, ideas o pensamientos de un colectivo social que actúa con base en un proceso subconsciente de la mente. De tal manera que uno tiende a repetir patrones de “memoria procedimental”, ya instalados en nuestro cerebro que tienen que ver con temas o asuntos sobre la justicia, la libertad, el respeto, la religiosidad, las costumbres, la compasión, la solidaridad, etc. Y que por supuesto no son temas ni asuntos nuevos de nuestra generación, sino dilemas que han sido heredados y que yacen en el subconsciente colectivo por lo que simplemente los repetimos como antes lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos, o generaciones muy anteriores que lucharon contra la xenofobia de la diferencia racial (Abraham Lincoln, Martin Luther King) o la diferencia de género que por mucho tiempo existió como una enfermedad.

Por ejemplo también, el rechazo al uso de la mano izquierda prevaleció por mucho tiempo como una superstición desde la Edad Media en el inconsciente colectivo generacional. Se decía que usar esa mano “siniestra” era algo diabólico, alejado de Dios.

La segunda idea es sobre un experimento que llevaron a cabo Colin Blakemore y Grant Cooper en el Laboratorio de Psicología de Cambridge, que tiene que ver con dos grupos de gatos bebés que fueron colocados para su sobrevivencia en dos grupos. El primero en un cuarto con rayas horizontales, y el segundo en una habitación pintada con rayas verticales. Los resultados del experimento fueron que los gatitos criados en un ambiente con rayas horizontales no podían percibir después (ya mayores) objetos verticales. Y los expuestos durante su desarrollo a solo rayas verticales, no podían percibir objetos horizontales. Y aunque todos los objetos en la realidad ya existían (dice Joe Dispenza de quien yo he tomado el ejemplo), los gatitos solo podían ver y actuar de acuerdo al mundo donde habían crecido, lo que limitaba su percepción del resto de la realidad del mundo.

Tanto el experimento como la teoría de Jung deben enriquecer nuestro juicio en el sentido de cómo reaccionamos ante una situación particular o colectiva, dependiendo de cómo o dónde hayamos crecido. Y de cómo asumimos una situación distinta no dispuesta como patrón de pensamiento en nuestro cerebro. Porque de ser así y ver solo lo que queremos ver y podemos ver, nos hará no aceptar todo lo diferente o distinto a lo que pensamos.

De ello podemos derivar que las personas que vivieron durante su infancia o por generaciones con un inconsciente colectivo que los determina en una situación de carencia, de humillación, de vergüenza o de rechazo, de constante exposición a la ansiedad, al estrés o a una lucha ruda por la sobrevivencia ante la mentira, la corrupción o la injusticia; como los gatos (horizontales o verticales) no podrán ver otra cosa que ese mundo donde crecieron. Serán sin duda personas hostiles, resentidas, temerosas y temerarias; siempre cayendo de mesas horizontales o chocando contra situaciones verticales.

Los otros quizá serán aquellos que crecieron dentro de una burbuja, dependientes y sobreprotegidos, inútiles para cualquier tarea que rebase su ambición y su egoísmo, el hedonismo mal entendido de que se nutre en este caso la memoria del inconsciente. Sin que sea el inconsciente el problema, sino la mente. El no saber mirar y comprender “el todo” más que la suma de las partes; la visión holística de la mente maestra, más allá de la superstición, la rigidez, la predisposición y la ignorancia.

Si crecimos entre rayas horizontales (espero se comprenda la metáfora), tarde o temprano habrá que entender cómo se vive entre rayas verticales. De lo contrario; ¡siempre tropezaremos con la realidad del mundo!

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