¿Eliminar los billetes de 1,000 pesos?

Por Eduardo Ancona

El presidente de la India, Narendra Modi, anunció una medida sorprendente: la eliminación de los billetes de alta denominación. Más o menos lo que en México serían los billetes de mil y quinientos. Entre otros, el objetivo principal de esta medida fue combatir la evasión fiscal y la corrupción.

Pensemos en México.

Quienes acumulan grandes cantidades de dinero en efectivo no declarado a la autoridad fiscal algunas personas en posición de saberlo afirman que no son pocas y no es poco dinero se verían ante un tremendo

predicamento: llevar llevar sus carretillas a cambiar por moneda circulante y/o introducirlo al sistema bancario, con la dificultad de tener que explicar su procedencia y pagar los impuestos correspondientes; o volverse dueños de una gran colección de papel pintado sin valor. Por otra parte, la facilidad y discreción de dar en un maletín una mordida de dos millones de pesos en dos mil billetes de mil, se volvería una labor más visible y compleja logísticamente si
se tratara de billetes de cien o doscientos, habría más bien, que rentar un camión.

La medida ha tenido éxito en estos dos frentes el de la evasión fiscal y la corrupción en efectivo, sin embargo ha dañado a los más necesitados, quienes viven una vida anclada en el cash, ya que los billetes retirados representaban más del 80% del efectivo circulante en India.

Podría argumentarse, y con algo de razón, que esta medida no sería idónea para México, toda vez que impactaría en la enorme cantidad de personas que no tienen cuenta bancaria (56% según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera) y viven en la informalidad, sin embargo, la falta de inclusión financiera y la baja recaudación, no son condiciones permanente, sino problemas que deberían combatirse progresivamente.

Más que pensar en emular esta política una dificultad adicional es que la política monetaria está a cargo de un órgano que goza de autonomía constitucional que considera, incluso, crear billetes de dos mil, este caso es una lección que muestra como en un país con vicios similares a los de México (nadie compararía a la India con Noruega) la corrupción puede combatirse de manera inteligente y eficaz. Este caso es, ante todo, un llamado contra el conformismo y la resignación. Contra la sumisión ante el monstruo de mil cabezas que algunos piensan invencible. Contra quienes creen que no hay políticas quirúrgicas que pueden reducir la corrupción de manera efectiva, acaso porque la han normalizado.

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