En las entrañas de la capital yucateca

Gracias a los trabajos de peritaje estructural que en el año de 2011 realizó un equipo de especialistas, se encontraron unos espacios cuyas características arquitectónicas son distintas

Vecinos de la calle 64 entre 71 y 73 del centro de la ciudad de Mérida refieren que en la escuela Vicente María Velázquez existe un supuesto túnel que conecta con casas vecinas y con la Iglesia de Monjas, y que fue utilizado en la época de la persecución del general Salvador Alvarado.

Gracias a los trabajos de peritaje estructural que en el año de 2011 realizó un equipo de especialistas en las cubiertas del inmueble que ocupa la mencionada escuela, al hacer una prospección, se encontró no un túnel, sino unos espacios cuyas características arquitectónicas particulares son distintas de otras conocidas en la ciudad.

Así se indica en la obra que realizaron y publicaron de manera original en la Revista Intervención, correspondiente al año 2018, José Eduardo Cerón Chávez, José Jorge Lara Jiménez, y José de la Cruz Damas, quienes refieren que el acceso al mencionado espacio subterráneo es a través de un registro ubicado en el patio interior del inmueble, el cual es de apenas 70 por 70 centímetros.

Al descender, los especialistas ubicaron dos cámaras, una mayor que la otra, comunicadas a través de un pasillo con arcos de geometría circular. En ambos espacios se ubicaron conductos que llegan en dos de los casos a drenajes pluviales, mientras que en los pisos se ubicó una capa de 25 centímetros formada de sedimentos, además de basura que incluía empaques de golosinas y tapas de refresco.

Después de los análisis con escaner láser, se concluyó que existen elementos arquitectónicos notoriamente similares a los de los aljibes hispanoárabes medievales existentes en diversas regiones del sureste de España. Un aljibe (vocablo que procede del árabe alyubb) se define como un recipiente excavado, total o parcialmente, donde se almacenan las aguas, el cual generalmente aparece cubierto por una bóveda.

De hecho, detallan los especialistas, es posible identificar cada uno de los elementos que componen este complejo hidráulico, formado por una boquera, agüera o acequia de alimentación; un decantador, que funciona a manera de filtro; un brocal de acceso, y el vaso del aljibe.

Otro aspecto interesante es el recubrimiento de las superficies interiores en los que se utilizó una mezcla de cal con extractos del árbol de chukum, que por tener propiedades impermeables, se emplea actualmente como alternativa para los acabados interiores de piscinas.

La ubicación del subterráneo también brinda aspectos interesantes. Se encuentra al centro de un patio interior, el cual ha cumplido esta función por lo menos desde 1865. Esto coincide con la tradición romano-árabe de situar al aljibe debajo del patio central al que le llega el agua de los tejados perimetrales, a modo de la combinación clásica de captación romana impluvium y compluvium.

Durante los siglos XVIII y XIX, existía ya el interés de la población meridana por tener ciertas instalaciones más adecuadas para satisfacer las necesidades primordiales para la subsistencia, como lo fue el almacenamiento del agua de lluvia, que se recolectaba por medio de los albañales provenientes de las azoteas hacia los depósitos o aljibes. Éstos, por lo general, se ubicaban en el patio central de la casona, con el fin de que no los contaminaran las letrinas.

El predio en cuestión puede identificarse en un plano topográfico elaborado entre 1864 y 1865 por órdenes del excelentísimo comisario imperial de la península de Yucatán, José Salazar Ilárregui.

El uso del predio antes del año 1904 es incierto. De acuerdo con su intervención durante la celebración del centésimo aniversario de la escuela, el cronista de la ciudad Jorge Álvarez Rendón señaló que en el inmueble funcionó, entre los años 1904 y 1915, un colegio para niñas, llamado Leandro León Ayala y administrado por monjas pertenecientes a una congregación no especificada.

En 1915, al llegar a la gubernatura del estado el general Salvador Alvarado, todas las escuelas de orientación religiosa se cerraron, se confiscaron los bienes de la fundación y se expulsó del país a las religiosas de origen extranjero.

Después de esta expropiación, en 1916, el establecimiento se convirtió en una escuela de artes y oficios que hacia 1926 recibía el nombre de Escuela No. 20 Francisco I. Madero. En 1930 cambió nuevamente de nombre: Escuela No. 17 Vicente María Velázquez, que es el que conserva hasta la fecha.

Texto y fotos: Manuel Pool Moguel

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