Fleabag opaca en su despedida a Juego de Tronos

La icónica serie de dragones se despide de la televisión con un total de 12 premios, entre los técnicos y los de gala; Veep fue otra gran serie, pero de comedia, que se despidió en estos premios

Se acabó. Juego de Tronos es historia. La industria de la televisión pasó página definitivamente ayer por la noche de la serie que ha reinventado las series en la última década y será el modelo aspiracional de cualquier gran producción durante años.

La octava y última temporada de la serie fantástica de HBO fue premiada este domingo con el premio Emmy al mejor drama del año, fue homenajeada en el escenario y ovacionada. Fue un premio de agradecimiento a la magia de los dragones y lo que han hecho por esta industria en la última década. Pero solo eso. A la hora de los premios, se los tuvo que repartir.

Juego de tronos es la serie de la década. Pero la serie del año llegó en otra categoría, en comedia, y se llama Fleabag.

Juego de tronos se presentaba en estos Emmy dispuesta a arrasar de nuevo. La anterior temporada batió el récord de premios en un solo año con 12. Este año batió el récord de nominaciones con 32. Volvió a empatar su propio récord con 12, dos de ellos este domingo y 10 en los premios técnicos de la semana pasada. A lo largo de la noche, sin embargo, se fue revelando que las nominaciones de los actores eran honoríficas. Prácticamente estaban nominados todos los secundarios de la serie, pero ganó la poderosa Julia Garner de Ozark y los mejores protagonistas fueron Jodie Comer por Killing Eve y Billy Porter por Pose. Porter dio un emocionado discurso en el escenario citando a James Baldwin. Es el primer hombre negro y abiertamente gay en ganar este premio.

Había una nominación a un actor de Juego de tronos que no era testimonial. Peter Dinklage volvió a ganar el premio al mejor actor secundario por Tyrion Lannister, quizá el personaje más complejo de la serie y, por eso mismo, el que desencadena su desenlace. Dinklage será siempre el rostro de Juego de tronos y así lo reconocieron los Emmy.

Hubo otros detalles que indican que la Academia quería homenajear a la serie de todas las series, pero que en realidad ya está buscando sucesora. El mejor guion se lo llevó Jesse Armstrong por Succession, una serie que está ganando en oscuridad shakesperiana en su segunda temporada en HBO. La mejor dirección de drama fue para una actor de comedia, Jason Bateman, que ha conseguido hacer de Ozark un contenido imprescindible para Netflix. A falta de Stranger things, los premios de Ozark fueron la principal presencia de Netlix en estos Emmy.

La gran sorpresa de la noche la dio la comedia británica Fleabag. Es la comedia del año para la industria de la televisión. Creación completa de Phoebe Waller-Bridge consiguió 6 emmys de 11 nominaciones en el año en que la Academia se disponía a despedir a Veep.

La creadora británica parecía verdaderamente impactada cundo subió al escenario a recoger el premio al mejor guion por el piloto de la serie. Realmente es un capítulo que obliga a ver todo lo demás. Después, el premio a la dirección de comedia por ese capítulo.

Por último, el teatro Microsoft se quedó de piedra cuando Waller-Bridge ganó el premio a la mejor actriz de comedia. Cuando subió a recoger el premio grande, dijo: “Esto es completamente ridículo”.

En el patio de butacas se quedaba sentada nada menos que Julia Louis-Dreyus, la vicepresidenta Selina Meyers de Veep. Había ganado seis veces el premio por este papel y estaba nominada de nuevo. Es una leyenda de la televisión y la mujer con más victorias por un solo personaje. La Academia de la Televisión despidió a Veep con un homenaje sobre el escenario, pero al mismo tiempo dejó claro que no se estaba equivocando, que la comedia del año es Fleabag, y la alternativa es La maravillosa Sra. Maisel (que ganó los premios a los actores secundarios).

La batalla de las miniseries en un año espectacular para este género la ganó Chernobyl. Cinco episodios de una hora que narran de manera sobrecogedora los días posteriores a la explosión del núcleo de la central nuclear de Chernóbil, Ucrania, en 1986. Ya había ganado los premios de sonido, montaje, efectos visuales o fotografía. Este domingo ganó la dirección, el guion de Graig Mazin y, finalmente, el premio a la mejor miniserie del año. Competía con trabajos como Fosse/Verdon y Fuga en Dannemora.

En otro orden de cosas, el mejor programa de sketches volvió a ser Saturday Night Live, el programa más premiado de la historia de la televisión porque lleva ahí cuatro décadas de historia de la televisión. Ru Paul Drag Race volvió a ser el mejor concurso.

Y el mejor programa de variedades, por cuarto año consecutivo, volvió a ser Last Week Tonight con John Oliver, por si le quedaba algo por ganar a HBO. Se emite los domingos por la noche, justo después del espacio en la parrilla que solía ocupar Juego de tronos. “Quiero dar las gracias a Juego de tronos por calentarme a la audiencia todos estos años”, bromeó Oliver.

Texto: agencias

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