Flygskam: la vergüenza de volar por conciencia ecológica

Cada 0,86 segundos despega un avión en alguna parte del mundo y tomar este medio de transporte contamina 20 veces más que hacerlo en tren, por ejemplo.

Por eso, en un momento en el que la conciencia ecológica ha ganado peso, sobre todo entre los jóvenes, son cada vez más los viajeros que renuncian a viajar en avión. Esta corriente se llama flygskam que viene a traducirse por “vergüenza a volar”.

GRETA THUNBERG,

LA INSPIRADORA

La cabeza de la corriente juvenil “Viernes por el futuro”, la adolescente sueca Greta Thunberg, ha apostado por esta medida dando más visibilidad al movimiento.

A la cumbre de la ciudad suiza de Davos del Foro Económico Mundial en enero pasado, la activista acudió en tren. Ahora cruza el Atlántico hasta Nueva York en velero para asistir a la Cumbre sobre la Acción Climática, el 23 de septiembre.

Esta tendencia nació en los países nórdicos en los que existe una alta conciencia ecológica. Y, según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), es la responsable de la caída en los viajes aéreos en Suecia.

En 2018, un 23% de los ciudadanos del país renunció a volar para reducir su huella ecológica.

“Este movimiento considera especialmente criticables los desplazamientos de duración menor o en torno a una hora entre capitales que están bien cubiertos por conexiones en tren”, comenta Pablo Díaz, profesor de Estudios de Economía y empresa de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) en Barcelona, España, en un comunicado.

Ante la vergüenza de volar, el tren se rige como la alternativa perfecta, sobre todo en aquellos trayectos que están cubiertos por líneas de alta velocidad.

Casi uno de cada cinco suecos se decantó por el tren en lugar del avión el año pasado. Esto se traduce en que el número de viajeros en los aeropuertos del país ha bajado un 8%.

Aunque la preocupación por el medioambiente no está limitada a una edad, son los jóvenes los que han hecho del flygskam su bandera.

El perfil de estos usuarios, según la UOC, es de jóvenes, mujeres y residentes en ciudades metropolitanas.

NO SIEMPRE ES VIABLE

En las redes sociales, especialmente en Twitter, se pueden leer experiencias de personas que han cambiado el avión por el tren o el ferry y que hablan de las bondades que estas alternativas les han brindado.

Entre ellas, destacan que, en tren, por ejemplo, el viaje, el descubrimiento y la experiencia comienzan mucho antes de llegar al destino.

Pero por muy loable e interesante que resulte la iniciativa, en el debate surgido en torno a ella son muchos los que defienden la imposibilidad de abrazarla en determinados momentos.

Puede no ser una alternativa para algunos viajeros por temas económicos, ya que en algunos países el tren puede resultar más caro que el avión.

Por otro lado, cuando se dispone de poco tiempo, no es una opción viable, como en el caso de los trabajadores que viven en diferentes continentes y tienen que desplazarse grandes distancias para ver a sus familiares dos o tres semanas al año.

¿RIESGO PARA LA INDUSTRIA TURÍSTICA?

Ante un futuro en el que el planeta sea inhabitable, si el flygskam supone una amenaza para el sector aeronáutico o turístico es una cuestión secundaria, pero para los expertos tampoco se puede omitir el posible impacto en el trabajo de los que se dedican a ello.

“La conciencia medioambiental entre los turistas va creciendo y el sector ha percibido estas señales y cada vez se desarrollan más productos con conciencia ecológica para estos públicos”, dice Díaz.

Por ello, tal vez la solución no tenga que ver con la extinción de la industria, sino con su transformación.

Los integrantes de la Mesa de Turismo de España, por ejemplo, apuntan al error que supondría no tener en cuenta este movimiento.

Díaz afirma que el flygskam tendría más recorrido si los estados se implicasen en el asunto.

“Si las autoridades emprendieran medidas de restricción a vuelos de corto recorrido y fomentaran y subvencionaran más el uso del tren y otros transportes menos contaminantes, entonces sí, las consecuencias podrían ser mayores”, recuerda Díaz en el escrito.

Texto y fotos: EFE

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