Generaciones de vivir de los muertos

Mejor conocidos como los Cauiches, son una dinastía que cuidan el sueño eterno de los progreseños; son más de 90 años que la familia está dedicada a esta labor relacionada con el ritual funerario

De manera un tanto injusta en los libros de historia referentes al puerto de Progreso se recuerda a muchas familias que tuvieron oficios muy diversos tanto en la pesca, en el ámbito artesanal y gastronómico, pero poco se habla de la dinastía de los Cáceres, que durante tres generaciones han trabajado como sepultureros en este lugar donde todo el orgullo mundano termina.

Hasta la fecha, a esta familia se les conoce en el puerto como “Los Cauiches”, esto debido al apellido materno de Timoteo, quien comenzó a trabajar en el entonces nuevo cementerio municipal, unos años después de que abrió sus puertas en el año de 1927.

Son más de 90 años que la familia está dedicada a esta labor relacionada con el ritual funerario, que de acuerdo a algunas narraciones del cronista de la ciudad, el inolvidable Romeo Frías Bobadilla (+), en la década de los años veinte se realizaba con carruajes de color negro tirados por corceles que de manera solemne avanzaban con rumbo al camposanto sin detenerse más que en las vías de ferrocarril que hasta la fecha atraviesan la calle 82.

—Primero fue mi abuelo, Timoteo Cáceres Cauich y luego mi padre Jesús Cáceres Canul a quien conocían como Chucho Cauich, quienes trabajaron en el cementerios como sepultureros y nosotros que somos la tercera generación continuamos con esta labor —comentó a Peninsular Punto Medio Ramón Alberto Cáceres Sandy, quien recordó que todos sus hermanos, estuvieron en su momento relacionados con esta actividad.

—Fuimos en total 12 hermanos, siete mujeres y 5 varones, y todos desde niños ayudabamos en el cementerio, acarreando agua o vendiendo veladoras. Había que trabajar —recordó el entrevistado quien hizo un paréntesis para recordar en este día a su hermano Santos, quien falleció junto con otros familiares en el naufragio del Águila Dorada que compone recordara ocurrió el primero de junio de 1995.

También falleció recientemente, el 30 de marzo del 2019, Raúl Antonio, quien era muy apreciado por la gente que lo recuerda como electricista y más recientemente en su fase de activista político, así es que de los cinco hermanos varones sobreviven Román quien se dedica a la construcción de muelles de madera, además de José Jesús, quien después de 45 años de trabajar en el cementerio haciendo además trabajos de albañilería y pintura, ahora trabaja para el municipio haciendo labores de limpieza en el camposanto.

Por cierto, que Ramón, de manera adicional a su trabajo como encargado del cementerio, también cuenta con un taller de marmolería en el que fabrica las figuras de cruces y ángeles que se colocan en los mausoleos, además de las lápidas con forma de libro, labor en la que cuenta con el apoyo de su esposa, Irma Beatriz Flores Poot, quien atiende a la clientela cuando por sus múltiples ocupaciones Moncho, no está disponible.

Respecto de esta actividad, Ramon reveló que él es el autor de todas las placas que llevan un dibujo alusivo al nombre de las esquinas de Mérida.

—Fueron más de 600 las que hice, la ultima fue la de la esquina de la Duquesita que se colocó en la 60 con 61 y a esa le puse también el apellido Cauich que identifica a nuestra familia, al menos asi nos conocen en el Puerto —detalló el entrevistado que en la actualidad cuenta con 66 años de edad y que indicó ya se siente un poco cansado.

—Sigo trabajando cavando las fosas y atendiendo los sepelios, pero ya estoy en una edad que tengo que cuidarme, pues hace unos meses, estuve muy mal de salud, pensé que no la libraba porque mis niveles de azúcar subieron y no bajaban, me asusté. Creo que ya es tiempo de comenzar a prepararme para solicitar mi jubilación, son ya 45 años de trabajo en el que no hay descanso —dijo.

Texto: Manuel Pool Moguel

Fotos: Cortesía

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