Guía sin moral

Armando Escalante
Periodista y analista político

Mañana será una fecha triste para México. Es la ocasión para recordar que hemos perdido en apenas 8 meses, a cerca de 400 mil personas según cifras del Inegi en su boletín de “exceso de mortalidad”, documento que por cierto no incluye todo el año (cortó al 11 de septiembre) y tampoco suma los decesos de todo el pais (siete estados menos) porque encontraron “inconsistencias” en el levantamiento de cifras, entre ellos Yucatán.

También es la fecha para recordar que llevamos dos años con escasez —y de plano falta— de vacunas, que el cuadro básico de protección infantil ya no existe, y que millones de niños, jóvenes y adultos carecen ahora de esta inmunización que durante años distinguió a nuestro México. También este 1º de diciembre es fecha para tristemente recordar que en México ya no se tienen tratamientos contra el cáncer, que miles de niños están sufriendo sin este bálsamo para sufrir menos y tener mayor calidad de vida, en tanto dure su padecimiento.

Se cumplen dos años de que miles de familias de escasos recursos se quedaron sin comedores y sin guarderías, porque así lo dispuso el señor Manuel López, con el argumento de que daría el dinero en forma directa a las personas. Con eso rompió cadenas de suministro de productos básicos y acabó de tajo con miles de empleos que se generaban al cobijo de estos lugares como cuidadoras de niños, cocineras y pequeños proveedores. El dinero —si es que cambió de manos—, fue a parar a tiendas de comida chatarra, y hasta en los bares y cantinas.

Es aniversario también del fin de las becas —destruidas igualmente por el mismo personaje que antes quitó vacunas y comidas—, para cancelarlas en forma definitiva, en perjuicio de estudiantes, investigadores y deportistas. El argumento, como en otros casos, resultó ser falso: la corrupción sin castigo.

Y llega otro doble aniversario de que los mexicanos vemos el elevado crecimiento de la delincuencia, la inseguridad y del abandono a la lucha contra los cárteles y el narcotrafico, que literalmente mantienen el control de ciudades sin que ya sabes quien se inmute.

Triste efeméride la de mañana 1º de diciembre cuando este país cumple dos años de que se inició la destrucción de todo lo que funcionaba para dar paso a los caprichos y excesos de un guía sin moral, que no parece tener suficiente con el daño que ya hizo y va por más, mientras una mayoría perjudicada y afectada se calla por sumisa y porque no cree todo lo que le está pasando.

El xix.- Nace diciembre y con él se inicia el mes de las bombitas y los petardos, de los voladores —fuegos artificiales—, y de los niños quemados, de los incendios y del sufrimiento de mascotas y demás animales. Solo que este año tenemos pandemia y autorizar la venta de estos productos de pólvora significará celebraciones y nuevos contagios: la Secretaría de la Defensa Nacional tiene la enorme oportunidad de prohibir este 2020 los permisos que anualmente otorga a expendedores para contribuir a que no se enferme y muera más gente.

Sospecho que no lo hará porque obedece con ceguera a “su comandante supremo” que los tiene ocupados, destruyendo reservas ecológicas para atravesarlas con un tren que nadie quiere —carente de estudios de factibilidad—, rellenando pantanos para una mini-refinería que será obsoleta antes de inaugurarse y en levantar un alejado aeropuerto rodeado de niebla, además de edificar pequeños pero muy costosos locales del que sería el único banco que quede en México —el del “bienestar”, palabreja con la que se intenta sustituir el término crecimiento—, a través del cual el señor López compra su clientela electoral.

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