Hermosos recuerdos de San Sebastián

Además de la hermosa iglesia dedicada a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Asunción, el barrio de San Sebastián cuenta con varias construcciones consideradas históricas, como las dos escuelas ubicadas en el costado poniente de esta misma plaza que fueron inauguradas a principios del siglo pasado con los nombres de “Cepeda Peraza” y “María Antonia Ancona y Castillo”, y que atendían a varones y niñas respectivamente.

Fue hasta la reforma educativa que se realizó durante el gobierno de Salvador Alvarado en 1916 que los colegios se hicieron mixtos.

Y fue San Sebastián el lugar por el que al mediodía del 19 de marzo de 1915 entraron las tropas del General Alvarado a Mérida.

Los antiguos vecinos del rumbo,  escribió Francisco D. Montejo Baqueiro en su obra “Mérida en los años veinte”, contaban que  su entrada fue por la calle 81, que es la calle que conduce hasta el cementerio general.

Llegaron a la 70, la esquina de “La Guerrera” y tomaron al norte hasta llegar a la 75 de San Sebastián, la esquina de “La Prosperidad”, (ahora hay una tlapalería en el lugar), donde preguntaron cuál era el camino más corto para llegar al centro de la ciudad.

Don Domingo Couoh Vázquez, dueño de la Botica, dio la información solicitada y antes de continuar el recorrido, parte de la tropa que se dice era de siete mil hombres, fue alojada en el Cuartel de San Sebastián, el hermoso edificio con arcadas ubicada a un costado de la parroquia,  y otra parte, se acomodó en el patio de la Fonda La Flor de Mayo, que fue muy famosa por los panuchos que preparaba doña María de la Cruz Basto de Mendoza, quien falleció en 1965 a la edad de 92 años.

Por órdenes del general Jara, doña Cruz proporcionaba a los soldados y sus mujeres una modesta asistencia, y cuentan que el propio Alvarado acudía a cenar a la fonda y platicaba amenamente con su propietaria.

El lugar se hizo tan famoso que también era visitado por los gobernadores Felipe Carrillo Puerto, José María Iturralde Traconis y Bartolomé García Correa, además de  Tomas Marentes y Agustín Franco Aguilar, quienes asistieron a cenas ofrecidas por sus correligionarios y amistades. También acudía al lugar Arturo de Córdova cuando todavía era locutor de radio local. Luego se convirtió en una estrella del cine nacional.

Por este rumbo, desde 1916 a 1926, el comerciante español Diego Domínguez abrió su tienda de abarrotes y panadería llamada “El Triunfo”, esto en el cruce de la calle 75 con 66. En la contra esquina abrió otra tienda de abarrotes, la de Atanasio García, llamada “La Guayabita” que cerró en 1923. En 1930 abrió de nueva cuenta y en la actualidad sigue funcionando, siendo uno de los establecimientos más antiguos de la ciudad.

Acerca del cuartel, se cita en la Enciclopedia Yucatanense, que se tienen noticias de su existencia desde 1881, cuando era sede de un hospital militar, hasta que en 1889 fue desocupado para que se estableciera en el un pequeño cuerpo de gendarmería y una escuela.

Más hacia el poniente, funcionó en la 75 por 80 el Rastro Municipal y en los alrededores funcionaban corrales propiedad de Rogelio Suarez y utilizadas por el introductor de ganado José Vinadé, natural de Cataluña y radicado en Mérida.

También  había otros de los hermanos tabasqueños Nicolás y Pascual Bellizia.

En los años veinte había efervescencia por el toreo y muchos jóvenes acudían a estos lugares a hacer sus prácticas con el capote. Estas eran parte de las diversiones de los jóvenes de aquella época que también acostumbraban cantar con sus guitarras las canciones de moda en aquella época.

Texto: Manuel Pool Moguel

Fotos: Cortesía

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