Hospital Regional de Alta Especialidad un elefante blanco

Pese a ser considerado un nosocomio de impacto peninsular, el Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán (Hraepy) cuenta con una escasa participación en atención médica de tercer nivel.

Más del 80 por ciento de los pacientes asistentes pertenece al grupo de personas de nivel socioeconómico bajo o de escasos recursos, provenientes principalmente de Yucatán en más del 74 por ciento, seguidos de Quintana Roo y Campeche en esa misma condición social mayormente.

Fundado en junio del 2008 con un presupuesto superior a los mil millones de pesos, el nosocomio registra escaso impacto de atención médica, según se indica en el Informe Anual de Autoevaluación del entonces director general del instituto médico, Rafael Antonio Barrera Zoreda, publicado el 23 de marzo del 2017.

Y es que en dicho informe el galeno da cuenta de las limitaciones y restricciones presupuestales anuales, las cancelaciones de operaciones con motivo de faltante de equipo e insumo médico, que ascienden a más de 400 al año, así como la cancelación de programas científicos y el poco aporte a la investigación médica del centro.

Esto ha generado, según estadísticas del propio reporte, la disminución en el porcentaje de “satisfacción” por parte de los pacientes, que como ya mencionamos, debido a su condición social de marginación, no cuentan con otras opciones al alcance de sus bolsillos.

Por ejemplo, del año 2012 al 2016, las gráficas de conteo indican que no hubo un solo premio, reconocimiento o distinción alguna recibida, y en ese mismo lapso, solo hubo dos proyectos que ameritaron financiamiento para su aplicación.

De dos investigadores con reconocimiento en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), en esos seis años, se redujo a uno. La tasa bruta de mortalidad hospitalaria se incrementó de 7.37 a 7.8 por ciento.

De 2015 a 2016, el porcentaje de usuarios con percepción de satisfacción de calidad en la atención hospitalaria cayó al pasar del 91.80 por ciento a 83 por ciento. La tasa de infección “nosocomial” es decir, las enfermedades que se contraen ya estando ingresado en el instituto van en aumento. Tan solo de 2015 a 2016 pasó de 5.3 a 6.6 puntos porcentuales.

Aunque se logró reducir el porcentaje de neumonía por ventilación mecánica, el cual pasó de 9.1 a 5.8 puntos, la tasa de infección de bacteriemia asociada a cateterismo, es decir, la “canalización” intravenosa, pasó de 2 a 2.7 puntos.

Las tasas de mortalidad por evento cerebrovascular, infarto agudo a miocardio, también van en aumento. El porcentaje de abasto de medicamentos está a la baja al pasar del 94 al 89 por ciento entre el 2015 y 2016, de éstos, más del 72 por ciento son medicamentos genéricos y el 28 por ciento restante son medicamentos de patente.

Al respecto, Barrera Zoreda realizó observaciones puntuales sobre las considerables carencias del instituto, que aunque destaca y asegura que es el único instituto público certificado por el Consejo de Salubridad General, ostenta graves carencias. Pues como informamos líneas arriba, dicho reconocimiento habrá sido emitido durante los primeros cuatro años de vida del instituto, y posteriormente no ha recibido mayor respaldo.

“Los logros y la respuesta a las expectativas sociales del Hraepy contrastan con un presupuesto que no ha evolucionado a la par con su desarrollo, reflejando desde hace varios años que los recursos fiscales autorizados han sido insuficientes”, expresó.

Además indica que a lo anterior se suman los ajustes presupuestales de aquel año 2016, así como el entorno económico adverso del país, lo que ha acentuado las restricciones en el ejercicio del gasto.

“Lo anterior toma relevancia social, cuando se sabe que más de 80% de los pacientes que se atienden se encuentran, de acuerdo a sus estudios socioeconómicos, en situación de pobreza o pobreza extrema”.

Pese a esa cruda realidad, del 2008, año de su fundación, al 2012, funcionaba con recurso federal inferior al aprobado. Pero a partir del 2013 y hasta el 2016, operó con presupuestos federales aprobados superiores al presupuesto original. Actualmente cuenta con un recurso federal de más de 900 millones de pesos, de los cuales más del 60 por ciento se destina a salarios.

Adicionalmente, el reporte informa que el presupuesto anual para investigación cayó de 3.9 millones de pesos aprobados a tan solo 326 mil 288.45 pesos, entre lo que se considera la cancelación de un proyecto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), denominado “Agentes Etiológicos y Factores de Riesgo para Mortalidad de Pacientes con Neumonía Severa en Yucatán”, que ya contaba con el financiamiento en una cuenta bancaria, recurso que al final tuvo que ser devuelto.

Texto: Iván Duarte
Fotos: Amílcar Rodríguez

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