Humanizar a las organizaciones, el gran reto

“Necesitamos a una persona más humana”, “Mi jefe no entiende que no me puedo quedar más tiempo”, “desearía un jefe más sensible a mis problemas”, son estas y muchas más frases que escuchamos a diario en cualquier organización ante el problema de transformar organizaciones con una tendencia más capitalista a otra hoy denominada talentismo, en pocas palabras las compañías que sean capaces de contratar y mantener a los mejores empleados serán las que sobrevivan y las más exitosas.

Ante el impacto de transformar las empresas, es urgente estimular nuevas formas que logren un gran potencial humano, y por consiguiente su gente sean el corazón y el núcleo que mueva la organización. ¿Cómo convertir un negocio en más humano? La respuesta inmediata sería ir más allá de sus propias necesidades y entender que las empresas tiene una condición de vida humana imprescindible de olvidar.

La responsabilidad de hacer más humana a las empresas radica en la cúpula directiva, ya que se debe permear desde arriba que la satisfacción y el bienestar de los colaboradores es la base de la productividad; por eso los asiáticos formulan: a mayor humanismo en las empresas mejor productividad igual a mayor rentabilidad, es decir, las empresas tienen el reto de suprimir a los jefes tóxicos y el liderazgo egocéntrico como afirma uno de los iniciadores de la línea del humanismo empresarial, Kenneth Blanchard. En una entrevista con el periódico “El País” mencionó el “efecto piramidal nocivo”, donde menciona que muchos dirigen la organización desde una percepción subjetiva de la realidad.

Qué pueden hacer los líderes para humanizar sus empresas; para responder lo anterior tomaré las cinco categorías necesarias según Tim Leberecht, director de Reinvent Business; la primera es la “empatía”: ponerse en el lugar del otro, del empleado; la dos es “crear cultura”: crear comunidades basadas en la confianza; tercera “Creatividad”, tiene que ver con el cambio constante; la cuarta “Aspiración” en pensar en la imaginación y la esperanza de los empleados; la quinta es “Moral” saber diferenciar entre lo bueno y lo malo de lo que sucede en las empresas. Muchas de estas manifestaciones son indispensables para hacer de las empresas un ser humano.

En teoría esto parece muy sencillo, pero en realidad es una de las tareas más complejas que enfrenta el empresario. Conciliar con todos los colaboradores, atender las necesidades de las distintas generaciones que convergen y las problemáticas específicas de cada uno, hace de esto una enorme madeja de estambre difícil de desanudar. Pero ¡esto es posible!

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