La escasez de cannabis durará meses, dice Aurora

Por Jonathan Ruíz Torre

Ése es el encabezado de una nota de la sección de Negocios de la edición de ayer del diario canadiense The Globe and Mail, firmada por Christina Pellegrini, “reportera de la industria del cannabis”.

La fuente de esa información es Terry Booth, director general de Aurora Cannabis, empresa basada en Edmonton, Alberta, quien advierte que no se dan abasto para surtir el consumo medicinal y recreacional del país, ambos legales allá desde hace poco tiempo.

Es muy posible que haya mexicanos capaces de solventar esa escasez, pero la importación no está permitida y la actividad del comercio de esa planta es ilegal en México.
No obstante, Mike Dixon se apresura para ayudar. Este científico extrovertido con la complexión de un leñador presume que obtuvo 10 millones de dólares canadienses (unos 150 millones de pesos) para un taller que habrá de instalar en el Complejo de Investigación de Sistemas de Ambientes Controlados que él encabeza en la Escuela de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guelph, a una hora de Toronto.

Advierte que le faltan otros 10 millones para estar en condiciones de experimentar con un sistema avanzado de luces que en algunos casos provee de una intensidad que quintuplica la del sol, lo que acelera dramáticamente los procesos de producción y podría detonar la industria. Se trata de un tipo de tecnología espacial que permite teóricamente producir alimentos en la Luna, incluso.

Evidentemente eso puede preocupar a quien en la ilegalidad sigue abasteciendo parte del consumo de mariguana en Norteamérica, pero otros mexicanos deben también poner atención en el asunto: “amo a los mexicanos, pero ¿por qué debemos de traer desde allá los tomates cherry?”, preguntó anteayer a un grupo de periodistas internacionales congregados por una expedición organizada por el gobierno canadiense que recorre esta semana centros de producción alimenticia en esa nación.

Lo que aún no puede hacer con la mariguana ya lo experimenta con ese fruto, pero también con lechuga romana o “chiles rojos”, advirtió Dixon.

Su lógica es simple: los canadienses ya pagan un sobreprecio por el transporte de productos provenientes de su sureño vecino continental. En cuanto el gobierno de su país subsidie el equivalente a esos costos, la producción podrá hacerse localmente por medio de una técnica de iluminación patentada compuesta de un conjunto de estantes que unitariamente tienen el tamaño de un refrigerador doméstico grande que en cada repisa contiene lámparas led que cambian de color e intensidad en función de lo que quiera producirse. La inversión estatal que solicita supone la creación en casa de empleos de alta remuneración que podrían sustituir a una multitud de jornaleros en México.

Consideren que solo en la provincia de Saskatchewan, de apenas un millón de habitantes, el total de importaciones agrícolas supera los 643 millones de dólares canadienses anuales (más de 9 mil millones de pesos) y México, cuyas exportaciones agrícolas están en boom, se ubica en la segunda posición entre los proveedores externos.

Las economías más desarrolladas del mundo coinciden en la meta de cambiar la estructura de alimentación del mundo para atender a 9 mil millones de personas hacia la mitad del siglo.

Las tareas incluyen el control de cadenas de suministro digitalizadas, tractores semi autónomos cuyas cabinas asemejan la de un avión y la producción con mínimos recursos de agua y tierra.

Además, atención, la generación de proteína que provenga de cualquier tipo de animal, de cualquiera, incluso exóticos, como los que presume la gastronomía mexicana. Eso ya está en el mercado de alimentos procesados y el tema luego lo abordaré en este espacio.

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