Recuerdos refrescantes de la industria embotelladora

Debido a las condiciones calurosas locales, se convirtió en una necesidad refrescarse por medio de las bebidas embotelladas

Con este calor vaya que se antoja disfrutar un vaso de algún sabroso refresco con su hielo o, mejor aún, una espumosa cerveza, así ha sido desde finales del siglo XIX, época en la que Mérida contaba con 62 mil habitantes.

Fue en septiembre de 1896 cuando, en la ex Hacienda El Peréjil, en la calle 63 por 70, de Mérida, se estableció la empresa cervecera de José M. Ponce y Cía, que ofrecía  cervezas distribuidas en barriles, los cuales eran trasladados en carritos tirados por caballos y se vendía en tarros y vasos.

El mismo edificio albergó a ambas empresas, y de acuerdo al Álbum Yucateco, con dos máquinas de refrigeración, se tenía la capacidad de producción de 60 hectolitros diarios, cantidad que para 1906, aumentó a 75 hectolitros.

“Entonces las marcas que se producían eran Estrella, Pilsner, Marca Especial y Carta Roja”, cita en su tesis el doctor en historia Ricardo Escamilla Peraza, quien recuerda que la fábrica de hielo producía hasta 70 toneladas.

En su edición especial sobre la visita del presidente Díaz en 1906, la revista Modern México detalla que para entonces se vendían 30 mil barricas equivalentes a 50 mil cajas de botellas, y en la publicidad de la época se afirmaba que la compañía cervecera y la hielera usaban agua destilada para sus productos que de esta manera eran de los más puros.

Respecto a los refrescos, gozaron de gran aceptación desde su introducción a fines del siglo XIX en el trópico yucateco, según parece reflejar el aumento de solicitudes para abrir nuevas compañías que se disputaban el mercado.

La de mayor tradición, fue la inolvidable Sidra Pino que fundó en 1880 Juan J. Del Pino que, aunque no era un producto de primera necesidad, debido a las condiciones calurosas locales, se convirtió en una necesidad refrescarse por medio de las nuevas bebidas embotelladas, en un mercado en el que también se dieron otras refrescantes iniciativas.

PARA 1935, de acuerdo com un folleto publicitario, La Sidra Pino contaba con 30 trabajadores y dos mil expendios en el estado. En ese tiempo inclusive “La Yucateca”, que era una empresa de los productores de la Pino, tenía la concesión de la famosa Coca Cola en Yucatán.

Para 1903, los empresarios veracruzanos Celestino Vigo y Dionisio Cos, establecieron en los predios 450 y 452 de la calle 58 su fábrica de aguas gaseosas, mientras que Waldemaro Ponce, que estaba domiciliado en el predio número 541 de la misma calle 58, solicitó al gobernador Molina Solís establecer un despacho de bebidas gaseosas en los bajos del palacio de gobierno, en el cruce de la 60 por 61, lo que se le concedió siempre y cuando no estorbara el paso.

Por esos años, 1904, G.W.E. Griffitz, solicitó lo mismo que Celestino Vigo y Dionisio Cos, exención de contribuciones para iniciar su refresquera, lo que se concedió por un término de dos años.

Para 1922, los impuestos para el sector refresquero aumentaron 30 pesos mensuales, una cantidad que José María Pino, Alberto Duarte y una persona más, cuya firma es ilegible en el documento que se encuentra en el archivo general del Estado, consideraban justa para fábricas de Sidras como el Gaitero, ya que afirmaban, contenían alcohol, por lo que incluso eran consideradas como competencia desleal.

Para 1935, de acuerdo con un folleto publicitario, La Sidra Pino contaba con 30 trabajadores y dos mil expendios en el estado. En ese tiempo inclusive “La Yucateca”, que era una empresa de los productores de la Pino, tenía la concesión de la famosa Coca Cola en Yucatán.

Texto: Manuel Pool Moguel

Fotos: Cortesía

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