La migración desde la visión de Justo Amable

Ingeniosas alegorías .en las que manzanas, papayas, calabazas o plátanos se convierten en vehículos que surcan el aire o el mar llevando a sus tripulantes en búsqueda de la libertad, están en la obra del artista cubano Justo Amable, quien de esta manera rinde un homenaje a sus compatriotas que han buscado salir de su país de diversas maneras, muchas de éstas muy ingeniosas, que han marcado su manera de ver la vida, por lo que sus cuadros a pesar de ser muy coloridos también expresan una dualidad entre la guerra y la paz, entre la alegría de vivir y el dolor que ocasiona la migración.

De visita en la redacción de Punto Medio, el artista rompió el hielo recordando una anécdota muy curiosa que le ocurrió en la universidad: Es paradójico, porque yo me llamo Justo Amable y mi apellido es Garrote, y cuando le dije a la maestra, se levantó y me dijo enojada “aquí no se viene a jugar”, fue una broma de mi mamá -dijo en medio de risas.

La obra del maestro Justo es muy especial por la manera en el que maneja los colores con los que representa hermosos paisajes que parecen fotografías, donde en el destello del sol se refleja el agua cual si fuera real, y lo mismo ocurre cuando la luz se proyecta en la piel de los protagonistas de estos cuadros, que a decir de su autor ya se encuentran en diferentes partes del mundo.
-Desde niño me gustaba dibujar, era muy introvertido, un soñador, me interesaba más de lo que sentía por dentro que de lo que sucedía afuera, y a los 16 años entre a la Escuela Nacional de Arte de Cuba -dijo el maestro quien cumple ya más de cuatro décadas dedicado a expresar con sus pinceles sus sueños y anhelos, sus fantasías y momentos en los que su imaginación vuela libremente y le permite crear cosas maravillosas.

-El tema es un pretexto para hacer algo, y Picasso decía que no había pintura religiosa, sino que había pintura buena o mala, creo que en mi obra se expresa la dicotomía que puede haber entre el placer y el dolor -explicó el entrevistado quien invitó al público a ver su obra y a olvidarse por un momento del dolor.

El maestro Justo Amable finalizó revelando que para comer le gusta mucho el mango, y para pintar el mamey o la manzana, ya que considera tienen un poder simbólico y se prestan a múltiples interpretaciones.

Texto: Manuel Pool Moguel
Fotos: Cortesía/ Saraí Suárez

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