La pesadilla de ser despreciado…, en tu propio país

Por Miguel II Hernández

México es y seguirá siendo racista, incluso contra sus propios hijos. Más allá del concepto de “pureza de razas” (aunque parezca increíble, aún existen quienes lo sostienen), que desemboca en una actitud xenofóbica (o sea, todo lo malo proviene del exterior), es necesario puntualizar que todos somos inmigrantes o descendientes de inmigrantes.

No es necesario remontarse al pasado que pierde en la noche de los tiempos hablando de las grandes migraciones que llevaron a poblar América o cuando la raza humana salió de África para irse extendiendo. No, no se trata de ello. Hablemos de los movimientos poblacionales del siglo XIX, veremos cómo la gente iba de un lugar a otro buscando mejores condiciones de vida, ya sea por razones políticas, económicas, sentimentales, etc.

Sin embargo, en el siglo XX empezó un problema que se ha ido agudizando hasta llegar al extremo en este siglo XXI, de convertir en criminales a los inmigrantes. La palabra de “ilegal”, se toma como equivalente a “criminal, delincuente”,  por lo tanto se les considera sin derechos, sujetos de abusos, por que de todos modos, no tienen a quien acudir.

Y la pesadilla del migrante “ilegal” (el delito que lo lleva a la ilegalidad es penetrar a un país sin la visa correspondiente), no es solamente al ser aprehendido por las autoridades correspondientes. Su mismo viaje es un sendero lleno de espinas, huyendo de todo, soportando malos tratos para no ser descubiertos y si acaso busca trabajo para completar su viaje, este es mal pagado, en malas condiciones y sin ninguna garantía.

Pero eso no ocurre sólo  en Estados Unidos, estamos hablando del trayecto,  o sea de la dura empresa que representa para los centroamericanos el atravesar México, país que reclama el respeto para los migrantes en el vecino país del norte pero que lamentablemente maltrata a los ilegales que penetran su frontera sur para tratar de llegar por diversas vías hasta el “sueño americano”.

Y también nuestros connacionales lo sufren en territorio nacional, donde son desplazados o deben migrar en busca mejor, pero esto muchas veces se convierte en pesadilla, al enfrentarse a una situación de pobreza, igual o peor de la que huyeron, pero con el agravante de que lo hacen lejos de su hogar, lejos de los suyos, aunque estén en el mismo país.

Un migrante que busca cruzar México para llegar a la frontera norte y de ahí brincar a los Estados Unidos, difícilmente tendrá el dinero necesario para subsistir, muchas veces se emplean en cosas temporales para ir sosteniendo su travesía, que termina en la frontera norte, o tirado en el desierto del lado norteamericano o como presa de los coyotes de “dos patas”. Además son víctimas propicias para la delincuencia, sabiendo que nadie los reclamará.

Eso ocurre desde este lado de la frontera, pero ¿y en Estados Unidos?, como decía, la pesadilla continúa, no termina al cruzar los límites de ambos países, pues nuevamente hay que mantenerse huyendo, sin poder reclamar un pago justo por el trabajo realizado y viviendo donde se pueda, siempre con riesgo de perderlo todo si son detenidos en alguna redada, tras lo cual son criminalizados.

La pregunta a repetir es: ¿qué los priva de todos derechos?, tanto allá del otro, como aquí, en México, no es raro encontrar a personas trabajando en condiciones similares a la esclavitud, pues son personas invisibles, sin derechos, sin ser ciudadanos. 

Es una situación que ha existido, seguirá existiendo mientras sigan ellos sin existir para las autoridades.

Hasta la próxima…

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