La piel de la cultura

CARLOS HORNELAS

carlos.hornelas@gmail.com

Con afecto para Martha y Claudia

Estamos en la puerta del 2021, un año que por fuerza iniciará con la inercia del 2020 al menos en lo que se refiere al tema de salud, a la política y la posibilidad de continuar nuestra vida a través de la pantalla.

En lo que se refiere al trabajo y la educación, se avizora un cambio de las formas tradicionales de organización, evaluación y desempeño que se ensayaron durante el 2020. El trabajo desde casa ha permitido que algunas grandes compañías valoren irrelevante el regreso a la oficina, como el caso ejemplar de Twitter que ha desestimado la nueva normalidad debido a que el confinamiento de los primeros meses y el rendimiento de los empleados ha demostrado, al menos para ellos, que a excepción de trabajadores que velan por aspectos infraestructurales de mantenimiento de servidores, el resto de las tareas puede hacerse desde sedes alternas como las casas de los empleados. Y en algunos casos con mejores resultados.

En general los gigantes tecnológicos como Zoom, Netflix, Facebook, Google y Amazon han experimentado un crecimiento sin precedentes. Este hecho ha servido de impulso para que más compañías apuesten, cada vez más fuerte, a las áreas de desarrollo de soluciones en línea o bien, para modernizar sus plataformas tecnológicas y atender de mejor manera a sus clientes, quienes durante el encierro han generado nuevos comportamientos tendentes a convertirse en hábitos, como las consultas a determinada información en la red, las compras en línea, las reuniones y gestión de grupos de trabajo de manera remota, la capacitación a distancia y otras tantas.

Si algo hemos observado en el 2020 es el incremento en el tiempo dedicado a las pantallas digitales, sea bien por una cuestión de trabajo, de educación o de entretenimiento. Una cosa va ligada con la otra: se ha incrementado también la venta y adquisición de dispositivos digitales y la demanda por la conectividad, la calidad de los servicios de telecomunicaciones y la posibilidad de que el usuario incremente el número de actividades que desarrollaba a través de la red.

En 1968 Marshall McLuhan decía que en un futuro la red eléctrica sería “la piel de la cultura”. Ese futuro ya llegó. Cada época dice Paul Virilio tiene sus marcas de identidad, su tecnología, la cual constituye su verdadero legado. La máquina de vapor y el desarrollo del tren trajo la sincronía del tiempo mundial para el capital. La digitalización permite que, como decía el personaje de la película Wall Street, el capital nunca duerma.

La concentración del capital por empresas que no producen nada físico, sino información, como los grandes gigantes antes mencionados trae consigo un reacomodo del capital pues son ellas quienes empiezan a concentrar esos recursos y las empresas descansan en sus servicios gran cantidad de las actividades que desarrollan sea para su propia operación o para la oferta al cliente de sus productos o servicios.

Cada época dice Virilio trae consigo su accidente. ¿Qué pasaría si nos quedáramos un día sin internet? ¿Qué pasaría si las grandes empresas fueran selectivas en la información y condiciones para ofrecer sus servicios?

Finalmente, este año nos permitió ver con claridad la influencia que tienen en la conformación de la política, en las elecciones directamente; en el mercado a través de los datos que obtienen de los consumidores y en la educación y formación de la opinión pública a partir de sus servicios de consulta y búsqueda de información. Su creciente poder de influencia y la concentración de su poder económico, será una de las cosas a discutir en este mundo postpandémico cada vez más desigual.

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