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Abandonado paulatinamente por sus propietarios, ya sea por voluntad propia o por el fallecimiento de sus veteranos vecinos, el centro de Mérida, lentamente, fue recuperado tanto por empresarios y emprendedores yucatecos y mexicanos, pero también por extranjeros enamorados de la tranquilidad y el calor de estas tierras.

Lo anterior permite entender el origen del conflicto que hoy ocupa a la autoridad municipal para la adecuada convivencia entre uno y otro grupo, pero ante todo para disminuir la contaminación auditiva que, más allá de bares y cantinas, se genera en esta zona.

De esta forma, según la información presentada por nuestro compañero Jesús Gómez, el Ayuntamiento de Mérida, con la ayuda de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), comenzará la medición en tiempo real del ruido que se genera.
No obstante, el mensaje que el alcalde Barrera Concha deja entrever es un llamado a la armonía, al diálogo y a la empatía. Empezar por uno mismo y no con el otro.

Acaso medir el sonido que distintos negocios puedan generar sea el principio para tomar conciencia y medidas sobre cómo seguir funcionando sin afectar a otros.

En ese sentido, es evidente que la música no es ruido, sin embargo, a deshoras, puede volverse molesta e insoportable para quienes deseen descanso.

Queda claro que con adecuando espacios e incluso con la imaginación que sobra a los músicos —pensamos, por ejemplo, en sesiones acústicas— todo puede arreglarse.

Yucatán y Mérida deben seguir siendo para todos.

 

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