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La experiencia nos dice que las disculpas sinceras provienen de un ejercicio de reflexión profundo, libre y auténtico, pero para todos es sabido que pedir perdón implica hacerse vulnerable ante el otro. Quien se disculpa reconoce un error y vence la soberbia, esa debilidad tan humana y tan frecuente.

Las anteriores son algunas ideas a considerar para entender por qué España no se disculpará de un evento como la conquista que, cerca ya de los 500 años de ocurrido, sigue abriendo heridas.

Por supuesto, son innegables las atrocidades cometidas por los militares y religiosos europeos que arribaron a estas tierras en el siglo XVI, no obstante, ¿deben los actuales españoles pedir perdón por hechos que no decidieron y que ni siquiera atestigüaron?

Pueden y deben lamentarlo, pero la distancia en tiempo de estos acontecimientos complica un acto de disculpa que, si se pretende sincero, debe surgir de circunstancias más fraternas que permitan explorar los cientos de aspectos que un evento tan doloroso como el nacimiento de una nación mestiza conllevan.

Dicho de otro modo: si el auténtico perdón proviene, como se ha dicho arriba, de un acto de arrepentimiento profundo, exigirlo públicamente desde el otro lado del mar no parece abonar a esas circunstancias fraternas que se pretenden.

Por otra parte, también es esencial honrar la gran resistencia ofrecida por nuestros antepasados indígenas, pero hay que hacerlo sin dejar de preguntarse qué hemos hecho para cazar a los fantasmas de la discriminación y el racismo que recorren, incansables, cualquier rincón de este país.

Es esencial ocuparnos también porque seamos nosotros quienes nos disculpemos con muchos indígenas y excluidos de esta sociedad, actuando en contra de quienes, en pleno siglo XXI, insisten en vivir como si aún fuera el XVI.

Será una larga semana escuchando argumentos diversos sobre lo dicho por el Presidente.

Parece imposible, pero lo idóneo sería no politizar este mensaje, sino utilizarlo como un nuevo acicate para llevar a cabo un ejercicio de reflexión profunda y compleja para sanar las heridas que el traumático nacimiento de esta nación dejó a muchos, sino es que a todos.

 

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