La pureza…

Era blanca y radiante. Una rosa. Tan bella que su hermosura hería la vista. Destacaba su blancura por encima de los otros colores. Era una flor divina! Y alegre. Cuentan leyendas antiguas que sonreía siempre. Que poseía el don de comportarse como si fuera una niña, y era la mejor amiga de la princesa Alexia… Una princesa de reino lejano…
Llegò a aquella villa de visita. Acompañando a su amiga y a sus padres, los Reyes, que iban de viaje oficial. La rosa de esos asuntos sabía poco. Como la fascinaba la música la princesa quiso hacerle un regalo muy especial. Le improvisaría un concierto sorpresa. La rosa se merecía eso y más! Era tan bondadosa, tan dulce… Un ser auténtico!
Se marchò por la villa vestida con atuendo deportivo para que nadie la reconociera a primera hora de la mañana. Y unos le juraron que tocaban la guitarra mejor que Vicente Amigo. Una muchacha muy peripuesta le prometiò que su hijo era un virtuoso del piano. Y un hombre que decía ser muy conocido en el lugar afirmò cantar maravillosamente…
Por la tarde tuvo lugar la sorpresa. Y resultò… un auténtico desastre! Los guitarristas no afinaban. El pianista apenas estaba aprendiendo a tocar ese instrumento. El supuesto cantante no sabía ninguna canciòn, y su voz distaba mucho de ser melodiosa. La rosa pese a todo apreciò el regalo y aplaudiò.

Pero la princesa estaba triste…

…tan triste que en sus ojos solo había agua…
Y las estrellas del cielo se percataron de su dolor. Y ayudaron a la princesa. Buscaron por toda la villa a personas que no fueran egocéntricas ni mentirosas. Y las animaron a hacer música. Y ellas mismas ensayaron una canciòn para interpretarla. En verdad fue un concierto hermosísimo. Y la rosa resplandeciò. Brillò más blanca que nunca…
Dedicado a la pureza
Dedicado al niño Luis

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