La ruta de lo inadmisible

Por Rodrigo Aguilar

Después de los insultos de Miguel Herrera al árbitro tras la goleada del Cruz Azul el fin de semana, queda de manifiesto la tibieza de los directivos de la Liga MX y de la FMF ante temas que son inadmisibles y en los que su intervención debería ser implacable.

La suspensión de tres partidos a Herrera por insultar públicamente y ante las cámaras al árbitro es un castigo apegado al reglamento, pero se queda corto, considerando factores como el contexto y la reincidencia. No es la primera vez que “el Piojo” tiene un comportamiento lamentable y despotrica contra el arbitraje cuando el resultado es adverso, pero además esta vez utilizó un calificativo de cuatro letras que tanto la FMF como la FIFA están tratando de erradicar de los estadios en su lucha contra la discriminación en cualquiera de sus formas. Incluso los clubes corren el riesgo de perder en la mesa los puntos que hayan obtenido en la cancha si ese insulto se escucha desde la tribuna.

Con esta sanción se pierde la oportunidad de sentar un precedente de que estas medidas van en serio y dejar abierta la posibilidad a que vuelvan a presentarse casos como éste.

Pero la muestra más grande de la tibieza en los directivos de la liga, que ha permitido el crecimiento innecesario de un problema mayor, es la situación del Veracruz, equipo que invariablemente descenderá de categoría al finalizar esta temporada, por segunda ocasión consecutiva. Los Tiburones Rojos, con 39 partidos sin ganar, están en el fondo de la tabla, sin salvación y adeuda a sus jugadores hasta cinco sueldos, por lo que muchos de ellos han tenido que dejar sus casas por no poder pagarlas.

Esta situación, que no se ve en las grandes ligas del Mundo, está viciada de origen, por permitir que la directiva de los escualos, encabezada por el influyente político y empresario Fidel Kuri, pudiera pagar una fianza de 120 millones de pesos para permanecer en Primera División a pesar de haber descendido. Esa cantidad debiera utilizarse para liquidar los adeudos y desafiliar al club porteño.

Y en medio de esta crisis, una Asociación de Futbolistas que no logra cuajar y por lo tanto tener el peso específico que se requiere para lograr su objetivo de defender los intereses de los jugadores, por falta de unión y solidaridad entre ellos mismos.

La no intervención y no asumir la responsabilidad de problemas graves como los aquí señalados hace a los directivos cómplice de casos inadmisibles para una liga que aspira a ser de las más competitivas del Mundo.

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