Las broncas del “Bronco”

Confesiones. 

En el análisis racional de los trágicos acontecimientos sucedidos en el penal estatal de Topo Chico en Nuevo León, en los que fallecieron cuarenta y nueve personas, independientemente de los factores que provocaron el suceso, el saldo de la responsabilidad apunta directamente al Gobernador de ese Estado.

El sistema penitenciario nacional es un desastre, pero eso no es ni puede ser, un pretexto para librar de responsabilidad, a quien por obligación la debe ejercer, Jaime Rodríguez Calderón no hizo bien su trabajo.

Primero porque aun sabiendo que existe una sobrepoblación alrededor del veinticinco por ciento de la capacidad del penal, y reconociendo no contar con los recursos propios para mantener una vigilancia adecuada, no ratifico el convenio que el gobierno estatal tenia con la Secretaria de la Defensa Nacional para el propósito.

Con esos antecedentes, la posibilidad de un conflicto era latente, cuestión de tiempo y evidentemente eso es negligencia, un comportamiento sobrado, mediante una apuesta tan incongruente como riesgosa, como lamentablemente quedo demostrado.

Estas fallas de origen, se combinaron además con una respuesta muy tardía de los cuerpos especiales de seguridad del estado, que arribaron al penal aproximadamente hora y media después de que se inicio el enfrentamiento entre los reos.

La falta de comunicación oficial oportuna, que no solo es muestra de incapacidad, sino el elemento que contribuyo a provocar la desesperación y las quejas de los familiares de los internos.

Finalmente la imprecisión de esa misma información, lo cual denoto una ausencia total de control de las circunstancias, irresponsabilidad y sensibilidad, primero el mismo Gobernador reporto cincuenta y dos decesos y mas tarde tuvo que corregir la cifra.

Bajo estas consideraciones, queda de manifiesto que no hubo capacidad para afrontar una crisis, que de origen implica una responsabilidad de acuerdo a la falta de previsión.

La crisis latente del sistema penitenciario, no es responsabilidad del Gobernador de Nuevo León, la suya era la de responder con rapidez, eficiencia y honestidad, eso es precisamente de lo que se le señala, no hay pues ningún complot en su contra.

Sin embargo Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” en vez de asumir sus limitaciones, una postura autocritica y reconocer los errores, dio rienda suelta a un montaje mediático, una campaña propagandística en redes sociales para defenderse.

Daba la impresión que mientras la crisis estaba en su momento mas álgido, al Bronco lo que mas le importaba, no era precisamente resolverla, sino hacer el control de daños de su imagen.

Su estrategia se fundamenta en señalar que los medios de comunicación, especialmente Televisa emprendieron una guerra en su contra, porque se niega a pagar convenios de publicidad.

“El Bronco” irrumpió literalmente en las redes, en simultaneo a la emisión del principal noticiero de Televisa, conducido por Gregorio Martínez quien suplía a Joaquín López Doriga, quien se encontraba en el Vaticano en plena cobertura de la visita papal.

Sin dejar de hacer de lado la posibilidad de que Televisa aprovechara el desaguisado, para evidenciar al Gobernador, la realidad es que mas allá de sus desacuerdos, económicos por supuesto, la exposición de los hechos por si sola dejaba al descubierto los yerros del Bronco.

No se trata pues, de hacer eco de una disputa particular, sino del análisis de una realidad, trágica y que se pudo haber evitado, en el peor de los casos contenido para que no alcanzara la magnitud a la que llego.

El asunto es que el Bronco sigue en campaña, ahora para la presidencia de la republica, de tal suerte que su prioridad mas que resolver asuntos, es mantener una expectativa publicitaria.

De alguna manera, a pesar del saldo en su contra, la reacción en las redes sociales le fue favorable, seguramente porque quienes le siguen apoyando minimizaron los hechos, a cambio de la animadversión hacia la empresa televisora.

Aunque lo que realmente queda en entredicho, muy aparte de las habilidades mediáticas del Bronco, es su capacidad, porque es innegable su fracaso al enfrentar su primera gran crisis.

Hay una gran diferencia entre popularidad y eficiencia, la primera es efímera, como la espuma que se desvanece con la primera brisa, porque en el transcurso del tiempo, de aquí al 2018 sobre todo, los argumentos de victimización y las teorías del caos en su contra, no podrán sostenerse si sigue fallando.

Seria fantasioso suponer que alguien provoco el incidente en el penal para dejar mal al Gobernador de Nuevo León, incluso eso hubiera sido muy arriesgado porque si en contrario el Bronco hubiera resuelto adecuadamente el problema, eso le hubiera otorgado una fortaleza inquebrantable.

Pero como en estos tiempos todas las teorías tienen cabida, y el imaginario colectivo es muy susceptible a las historias de conspiración, el Bronco aprovecha esa coyuntura y ese es su único argumento de protección. 

En efecto, esta bronca es del Bronco, un dilema del que no hay forma que salga bien librado, ni siquiera con sus arengas producto de una bravuconería, que si bien es muy efectiva en campaña, en el gobierno es un contrasentido.

 

Twitter@vazquezhandall

 

Guillermo Vazquez Handall 

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