Las dos caras de la ley del ex

Por Santiago Pell

Dicen que la  “ley del ex”  en el fútbol es muy fuerte. Pelear contra el escudo que antes llevaban en el pecho a los jugadores se les hace algo realmente emotivo. En los casos buenos, muchas veces sucede que llega la nostalgia con lindos recuerdos, como el haber podido salir por la puerta grande…

Un caso de lo anterior, que se me viene a la mente en estos instantes, es el de Cristiano Ronaldo con el Manchester United. Eran los octavos de final de la Champions League de la temporada 2012/13 y CR7 regresó al Old Trafford, su casa, donde al momento en que se escuchó su nombre en la alineación del Real Madrid, el estadio entero se levantó en palmas ovacionándolo.

En ese instante vi que todo estaba resultando como a cualquier jugador le gustaría al enfrentar a su antiguo club. Sin embargo, sentía que algo faltaba, y era exactamente Cris; estaba ausente y un jugador de su talla no podía quedar sin protagonismo, mínimo no en un día como ese, no ante el lugar que le acogió como un hijo, no en su casa, no en el Teatro de los Sueños…

Sin celebrar, tras una jugada mágica entre Özil e Higuaín, Cristiano anota en portería roja. Un gol que nunca olvidará, y no por la magnífica jugada o porque haya representado el poder jugar los cuartos de final, sino más bien porque se lo anotó al club, jugadores, DT y fans que lo vieron crecer y convertirse en lo que ahora es…

Por otro lado, hay ocasiones en las que la “Ley del ex” sucede al revés, en vez de que te cueste anotarle a tu equipo anterior y te tiemblen las piernas sin encontrarte realmente en el campo, sucede totalmente lo opuesto.

Caso de Ángel Di María, quien para mí es uno de los diez mejores jugadores del planeta hasta la fecha. El argentino fue desperdiciado por el Real Madrid en su momento. Está bien, sí, sí les dio la Champions, su tan esperada décima ¿y luego…?
Lo botaron, lo desecharon como si no valiera nada, no le agradecieron en lo absoluto, se fue por la puerta de atrás, totalmente inmerecido. Los blancos pudieron haberle sacado el triple de provecho si aún estuviera en sus filas. El “fideo” pudo haberle dado muchos más títulos en general al Madrid. Es más, siempre he creído que en caso de que el nacido en Rosario se hubiera quedado como madridista, ya tendría en su vitrina un Balón de Oro.

Pero bueno, lo importante es que llegó al Paris Saint Germain hace cinco años y se ha asentado bastante bien, la camiseta se le ha ido quedando más impregnada en el cuerpo y el escudo se le ha acercado cada vez más al corazón.

El PSG ha hecho lo inteligente con una joya del fútbol como ésta, le ha dado tiempo de juego, ha tratado al señor como merece, como se lo ha ganado. Lo que muchas veces hace que un jugador se refuerce, es sentirse perteneciente a un lugar donde le quieran y valoren.

Ahora pregunto, ¿qué hace Ángel Di María cuando en la primera ronda del mayor torneo de fútbol del mundo llega el partido contra un Madrid que lo tiró, que lo pateó y desterró; qué hace el “fideo” cuando tiene el balón en sus pies?

Yo te diré que hizo: alzó la mirada, recordó lo que le hicieron y lo que no, les humilló destrozando las redes de la portería dos veces. El marcador final quedó 3-0 y Di María voltea al escudo viejo y me lo imagino diciendo: “me hayas dado y quitado lo que fuese, ahora yo te miro hacia abajo y vive, vive lo que me hiciste vivir, siente, siente lo que yo sentí…”. Ésta, es la otra cara de la famosa: Ley del ex…

 

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